El que durante años fue “el típico lomito de la esquina” hoy tiene nombre, identidad… y hasta reconocimiento oficial. El llamado perro caramelo, ese mestizo de pelaje amarillo, miel o dorado que forma parte del paisaje urbano, se volvió tendencia luego de que autoridades ambientales lo incluyeran como una de las representaciones caninas de México. La noticia, difundida en redes sociales y retomada por medios, provocó una ola viral que mezcla orgullo, humor y reflexión.
La Procuraduría de Protección al Ambiente del Estado de México (Propaem) sorprendió al publicar una lista de “razas mexicanas” en la que aparece el perro caramelo junto a íconos como el xoloitzcuintle, el chihuahua y el calupoh.
Aunque este reconocimiento no equivale a una clasificación formal, sí tiene un fuerte peso simbólico: visibiliza al perro mestizo como parte de la identidad nacional.
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El fenómeno del perro caramelo
El llamado “caramelo” no es una raza en sentido estricto. Se trata de una denominación popular para perros mestizos de tonos amarillos o dorados, producto de cruces naturales a lo largo de siglos.
Su presencia es tan común que se ha convertido en un elemento cultural: está en colonias, carreteras, mercados y, cada vez más, en memes y campañas digitales.
De hecho, su fama viral no es casualidad. En redes sociales, el perro caramelo ya era protagonista de imágenes, videos y bromas que lo retratan como el “lomito resiliente”, el guardián de la calle o el compañero fiel.
El anuncio oficial solo amplificó esa narrativa: miles de usuarios celebraron que “por fin” se reconociera al perro más representativo de México, mientras otros cuestionaron si un mestizo puede considerarse raza.
Más allá de la polémica, especialistas y autoridades coinciden en que el mensaje central es otro: dignificar al perro sin pedigrí. Estos animales, lejos de ser “corrientes”, destacan por su diversidad genética, lo que incluso puede hacerlos más resistentes a enfermedades hereditarias.
Además, muchos cumplen funciones clave en la sociedad, desde compañía hasta apoyo en tareas de rescate y seguridad.
El impacto social también es evidente. La iniciativa busca fomentar la adopción y reducir el estigma hacia los perros callejeros, promoviendo una cultura de cuidado responsable.
Así, el perro caramelo pasa de ser invisible a convertirse en símbolo: un recordatorio de que lo cotidiano también construye identidad. En un país donde millones de perros viven en situación de calle, su “reconocimiento” abre una conversación urgente sobre empatía, adopción y bienestar animal.








