En una declaración que ha encendido las alarmas internacionales, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó este domingo una advertencia directa contra Irán: si no reabre el estratégico estrecho de Ormuz antes del martes, “arderá el infierno”. La frase, difundida a través de su red social Truth Social, forma parte de un ultimátum que ha intensificado la ya crítica crisis en Medio Oriente.
El mensaje de Trump no solo fue contundente, sino también inusualmente agresivo. El mandatario advirtió que, de no cumplirse su exigencia, Estados Unidos podría atacar infraestructura clave iraní, incluyendo plantas eléctricas y puentes. Esta amenaza llega en medio de un conflicto que lleva semanas escalando y que ya ha afectado seriamente el flujo global de petróleo.
El estrecho de Ormuz es uno de los puntos más sensibles del planeta: por ahí transita cerca del 20% del petróleo mundial. Su cierre —impulsado por Irán tras ataques previos de Estados Unidos e Israel— ha provocado una caída drástica en el tránsito marítimo y un alza significativa en los precios energéticos a nivel global.
Trump había dado inicialmente un plazo de 10 días para alcanzar un acuerdo, pero este fin de semana redujo el margen a 48 horas, elevando la presión sobre Teherán. “Todo el infierno se desatará”, advirtió en su publicación, sin detallar exactamente qué tipo de ofensiva militar podría ordenarse.
La respuesta de Irán no se hizo esperar. Autoridades del país calificaron el ultimátum como “provocador” y advirtieron que una escalada podría desatar consecuencias catastróficas en toda la región. Incluso, desde el parlamento iraní se lanzó una contraamenaza: las acciones de Washington podrían hacer que “toda la región arda”.
Mientras tanto, expertos en derecho internacional han expresado preocupación por el tono de las declaraciones de Trump, señalando que atacar infraestructura civil podría constituir violaciones graves al derecho internacional.
La situación permanece al borde de un punto de quiebre. Con negociaciones inciertas, tensiones militares en aumento y el reloj corriendo hacia el martes, el mundo observa con preocupación lo que podría convertirse en un conflicto de consecuencias globales.











