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Cunduacán, Tabasco — La madre de Diana Gómez Jiménez, víctima del incendio en Dos Bocas del 17 de marzo en el puerto de Paraíso, abraza con fuerza a quien escribe. En un sollozo se confiesa: “no sé cómo superar esto”.
Diana Gómez, de 30 años, era madre autónoma de una niña de 12 años y un niño de 5. Desde hace cuatro años trabajaba como guardia de seguridad de la empresa SIPPSA dentro del complejo Dos Bocas.
Su madre y su padre también dependían económicamente de ella, pero su padre, Santana Gómez, falleció hace apenas un par de meses. “Ha sido muy duro, primero, la enfermedad y la ausencia de su papá y ahora se me va mi consentida”, dice la madre de Diana.
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Dolor e indignación tras el incendio en Dos Bocas
Diana vivió una historia de violencia familiar en su adolescencia, con su primera pareja, el padre de su niña. “Llegó a golpearla y yo fui a sacarla de una casucha, donde dormía mi niña en una esquina húmeda, en una tabla de madera con una cobija”, recuerda su madre con la mirada clavada en el pequeño altar con su fotografía y una Virgen de Guadalupe.
La casa donde la familia Gómez vive se ubica en la comunidad Libertad, en el municipio de Cunduacán, una zona rodeada de pozos petroleros y ductos. Para tomar transporte público, los pobladores deben trasladarse en coche o moto hasta la avenida principal.
En el pórtico de la casa, Carla y Blanca, hermanas de Diana, relatan el impacto del incendio en la refinería Dos Bocas, que les arrebató a “su segunda mamá”.
“Vinieron a traerle a mi mamá 4 mil pesos, lo que era su quincena. ‘Para que mientras coman los niños’, dijeron los de SIPPSA. ¿En serio 4 mil pesos es suficiente?”, reclama Blanca.
Tras una intensa búsqueda, luego del incendio en Dos Bocas, la familia vivió horas de angustia. Carla realizó múltiples llamadas sin respuesta hasta que, más tarde, identificó el cuerpo de su hermana en la morgue.
El dictamen médico determinó que la causa de muerte fue asfixia por monóxido de carbono.
“Esto fue responsabilidad de Pemex, ¿por qué tuvo que incendiarse el coche que siempre pasaba por el mismo sitio? Porque había demasiado gas”, reclama Carla.








