Jalisco.— El domingo intentaba ser normal, pero temprano irrumpió un pequeño caos y, de nuevo, con el sonido de las balas, a permear en quienes habitan la Zona Metropolitana de Guadalajara.

Cerca de las 07:40 horas, sujetos armados arrojaron ponchallantas en las inmediaciones de las avenidas López Mateos y Américas; dos carros particulares y una unidad del transporte público resultaron dañados, a bajar al conductor de uno de los autos y luego dispararon contra el vehículo.

desde que Nemesio Rubén Oseguera, señalado como el delincuente más buscado del mundo, fue abatido por fuerzas militares en Tapalpa.

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En respuesta, sus huestes arremetieron contra la población en varios puntos de la ciudad de Guadalajara, dañando vehículos, incendiando comercios, provocando la muerte de una mujer embarazada, difundiendo miedo a través de información falsa y obligando a la mayoría de la población a encerrarse en sus casas.

Este domingo, el nuevo ataque armado exigió cautela, pero muchos decidieron seguir con su día y buscar de nuevo la normalidad... aunque ésta no se encuentre exenta de violencia en México: “Pues tenemos que trabajar, no hay de otra, y a cuidarnos porque dicen que aún no acaba”, señaló un trabajador de aseo municipal en el centro.

En este punto de la urbe, la gente volvió a congregarse para acudir a misa en la Catedral de Guadalajara, recorrer los andadores comerciales o circular por las calles del paseo ciclista dominical; la mayoría de los comercios, sobre todo los mercados, restaurantes y cafés, están abiertos y en espera de clientes; hace una semana el tiroteo y bloqueo que ocurrió en el cruce de la Calzada Independencia y la Avenida Juárez, en el primer cuadro de la ciudad, prácticamente hizo que todos escaparan en tropel de la zona.

Desde el martes 24 de febrero, el gobierno de Jalisco desactivó el código rojo (una especie de estado de emergencia) buscando reactivar la economía, pues los datos del Consejo de Cámaras Industriales de Jalisco indicaban ya que tan sólo los ataques del domingo 22 de febrero generaron pérdidas por más 100 millones de pesos.

Se restablecieron todas las rutas de transporte, se ordenó volver a las clases presenciales en todas las escuelas a partir del miércoles 25 de febrero y se pidió a los gobiernos locales no suspender ninguna actividad festiva, deportiva o cultural programada con anterioridad, pero la calma no llega por decreto: a las escuelas regresó sólo 50% de los alumnos, de acuerdo con datos de la Secretaría de Educación de Jalisco; algunos comercios abrieron con horarios reducidos y en centros de educación superior, como la Universidad de Guadalajara o el ITESO, se permitió llevar algunas clases virtuales, sobre todo en horas más cercanas a la noche.

Junto a una de las jardineras, frente al kiosco y muy cerca de la caseta de policía, una caja de cartón protege el ramo de flores y las cuatro veladoras que vecinos colocaron para recordar que el 22 de febrero ahí ocurrió una tragedia: Angélica María Hernández Ramírez y el pequeño que llevaba en el vientre, Axel Oziel, murieron a causa de una bala perdida durante un enfrentamiento entre policías municipales de Zapopan y delincuentes que intentaban incendiar autos.

Hasta ahora, ninguna autoridad la ha llamado por su nombre, es sólo “una ciudadana” que murió por culpa de los delincuentes, una “víctima colateral” que ahora le falta a su esposo, a su hijo de 10 años y a su hija de tres.

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