PREGUNTA

Siento que mi esposo prefiere mil veces encerrarse a ver películas y manosearse en el baño que acostarse conmigo. Cuando se lo reclamo, se enoja y dice que es su privacidad. Ya casi no tenemos intimidad real y me siento rechazada y fea. ¿Qué hago? Mariela S.

RESPUESTA

El problema no es que él vea ese contenido, sino que el consumo compulsivo está desplazando la intimidad real de su matrimonio. Cuando una persona prefiere la gratificación rápida, fácil y sin esfuerzo de una pantalla antes que conectar con su pareja de carne y hueso, el cerebro reprograma sus circuitos de dopamina, volviéndose insensible al erotismo cotidiano y al afecto real. Su enojo y su demanda de “privacidad” son una clásica cortina de humo para esconder la culpa o la dependencia que ya tiene formada. No exageras, una relación necesita validación mutua, y que él te cambie por un teléfono o una computadora lastima duramente la autoestima y la confianza en común. Tienen que tener una plática muy seria y sin gritos. Explícale con claridad que esto ya no es un tema de libertad personal, sino un obstáculo directo que está pudriendo la relación. Si él reconoce que tiene un problema y acepta buscar ayuda con un terapeuta de pareja o especialista en adicciones conductuales, hay esperanza; pero si se cierra en su burbuja y te culpa por reclamar atención, tendrás que valorar qué tanto estás dispuesta a desgastarte en una relación donde estás compitiendo contra un monitor.

PREGUNTA

Tengo 32 años y noté que llevo como tres semanas que ya no amanezco con la ‘tienda de campaña’ firme como antes. Me asusté cañón pensando que ya se me empezó a acabar la juventud o que tengo disfunción. ¿Es normal que a veces no amanezcamos parados? Alex R.

RESPUESTA

Alex, bájale al drama, no se te está acabando la juventud ni tienes disfunción eréctil por un par de semanas sin erecciones matutinas. Aunque son un excelente indicador de salud vascular, el cuerpo humano no es un reloj mecánico y la calidad del sueño influye directamente en la respuesta física nocturna. Si has estado bajo niveles altos de estrés en la chamba, si dormiste mal, si cenaste pesado o si te echaste unas chelas antes de acostarte, el sistema nervioso interrumpe las fases de sueño profundo (REM), que es cuando el cerebro manda los chorros de sangre oxigenada para mantener los tejidos del pene en forma. Al fallar el ciclo de descanso, fallan los “mantenimientos automáticos” de la madrugada. Si durante el día tienes erecciones normales al fantasear o cuando estás con tu pareja, tu aparato reproductor funciona al cien por ciento. Relájate, duerme mejor, bájale a la ansiedad y vas a ver cómo el sistema se reactiva solo en cuanto recuperes el ritmo de descanso.

PREGUNTA

Me da una pena horrible venirme enfrente de mi novio; siento que pongo caras bien raras, se me van los ojos y me pongo súper vulnerable. Por eso, siempre cierro los ojos fortísimo o apago la luz. ¿Por qué me da tanta vergüenza soltarme? Daniela P.

RESPUESTA

Dani, deja de pelearte con tus expresiones, ese terror a que te vean disfrutando se llama miedo a la vulnerabilidad, y es uno de los peores topes en la cama. Cuando estás a punto de llegar al orgasmo, el cerebro apaga temporalmente las zonas encargadas del control, la razón y la autocrítica, dejando al descubierto tus gestos más puros y viscerales. Tu mente interpreta esa pérdida de control como un peligro de juicio, haciéndote creer que si él te ve sudorosa, haciendo caras extrañas o gimiendo sin filtro, te vas a ver ridícula. Lo cierto es que cuando tu pareja te ve entregada, perdiendo el control y disfrutando es el espectáculo más erótico y halagador del mundo, así confirma que se siente seguro contigo. La próxima vez, haz el experimento a medias abre los ojos solo un segundo en medio del clímax y fíjate en la cara a tu novio. Vas a ver que él no te está juzgando, te está admirando. Soltar la vergüenza y dejarse ver en el punto más alto del placer es el boleto directo a la intimidad placentera

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