Más Información
PREGUNTA
Quiero mucho a mi marido, tenemos hijos, nietos y una vida que desde afuera parece perfecta. Pero últimamente siento que me estoy apagando. Todavía quiero salir, arreglarme, viajar, bailar, tener una noche de esas que empiezan con una copa y terminan sin saber a qué hora regresaste. Extraño sentirme deseada, no solamente necesaria. Me da culpa porque pienso: “¿A mi edad, ya con mi familia por qué o para qué quiero tantas emociones?”. ¿Estoy siendo una mujer desagradecida?
RESPUESTA
No. Eres una mujer que todavía tiene ganas de vivir. La familia no debería convertirse en una condena a la monotonía. No necesitas destruir tu vida, sino volver a ponerle vida a la que ya tienes. Extrañas la emoción, pero no solamente la sexual: la de sentirse pareja, cómplice, no sólo administradora de una familia. Hay una parte de ti que quiere bailar, no la apagues, no la niegues, no la extingas, busca pretextos y aventúrate a eso que te hace tanta falta.
PREGUNTA
Soy divorciada, tengo un buen trabajo y busco pareja. El problema es que cuando conozco a un hombre inmediatamente empiezo a encontrarle defectos: que si no tiene dinero, que si no se viste bien, que si habla demasiado, que si es muy serio, que si no es cariñoso. Regreso sola a mi casa con la certeza de que no existe ningún hombre que valga la pena. Mis amigas dicen que tengo expectativas imposibles. Yo digo que después de lo que viví no estoy para conformarme. ¿Dónde está la diferencia entre no conformarse y buscar a alguien que no existe?
RESPUESTA
No puedes pedirle a una persona real que llegue con la lista perfecta de características que imaginas. El hombre que te quiera probablemente tendrá defectos que te van a desesperar y virtudes que no habías pedido. Seguro tu traes tus defectos también. El amor adulto no es encontrar al hombre perfecto: es encontrar a alguien con quien puedas ser tú, alguien con quien te sientas capaz de construir.
PREGUNTA
Estoy obsesionado con ganar más dinero. No me falta para comer ni para vivir, pero siempre pienso que debería buscar la manera de tener más: un coche mejor, más negocios, más poder. De noche me entra angustia. Siento que me voy quedando atrás porque me comparo con todos. Lo peor es que mientras más quiero demostrar que puedo, más inseguro me estoy volviendo. Mi esposa dice que ya no sabe cuándo estoy con ella y cuándo estoy compitiendo con el mundo. ¿Qué debo decirle si lo que quiero es que esté orgullosa de mí?
RESPUESTA
Tu vida no es un examen. Querer progresar no tiene nada de malo. El problema empieza cuando el dinero deja de ser una herramienta y se convierte en la medida de tu valor. ¿Qué estás buscando realmente cuando dices “quiero más”? ¿Es reconocimiento, seguridad, admiración o sentir que eres suficiente? Ninguna cuenta bancaria podrá resolver este deseo si de entrada no te admiras tú.
PREGUNTA
Tengo problemas de erección, lo peor no es lo físico, sino que empiezo a sospechar que mi esposa se va a cansar de mí y que cualquier día va a encontrar a alguien que sí pueda darle lo que yo ya no. Ella nunca me ha reclamado nada, pero yo ya casi no la busco para no enfrentarme a mi propia desesperación. ¿Cómo se vuelve a la cama cuando uno siente que ya no puede?
RESPUESTA
La dificultad de erección no es un examen de hombría ni una sentencia sobre tu matrimonio. Habla con un médico, pero, sobre todo, habla con tu esposa. Si el miedo ocupa todo el espacio nunca vas a poder. Hacer el amor es tocarse, besarse, reírse, abrazarse y volver a reconocerse. El cuerpo puede necesitar ayuda, el cariño necesita conversación. Sin duda, excitándola a ella vas a despertar tu propia erección.
PREGUNTA
Últimamente, no quiero verme al espejo. Antes me arreglaba, me ponía perfume, me compraba ropa. Ahora veo mis arrugas, mi cuerpo aguado. Pienso que ya nadie me va a mirar como mujer, me da horror envejecer. Ya no soy atractiva. ¿Cómo se aprende a querer una cara llena de arrugas?
RESPUESTA
Deja de exigirte parecer una mujer de 30. Tu cara está contando tu historia. Eso no significa que tengas que renunciar a cuidarte, maquillarte, vestirte bonito o sentirte sexy. Al contrario. Hazlo, pero no para recuperar a la mujer que fuiste, sino para habitar a la que eres ahora. Ser deseable no es patrimonio de la juventud. Hay mujeres que empiezan a sentirse verdaderamente guapas cuando dejan de pedirle permiso al espejo.




