Ante un juez, Kevin dice no recordar que él conducía ebrio cuando Cuatro murieron y dejó marcado el futuro de siete más por las lesiones irreversibles que les causó; aun así, sus tres abogados buscan sacarlo de prisión para que enfrente su proceso judicial en la comodidad de su casa y no en la celda de un reclusorio.

Tomar el control del automóvil después de salir de una feria de Zumpango fue la decisión de Kevin. A sus 21 años, creyó que, aun intoxicado por el alcohol, podría conducir hacia su casa en Ecatepec.

Pero no fue así, ya que al pasar frente a las puertas del Hospital 200 del IMSS en Tecámac, un tope le hizo perder el control del coche, que invadió la banqueta y atropelló a una familia que esperaba respuesta de los médicos que atendían a un pariente internado.

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El impacto no solo destrozó el automóvil y las rejas del hospital, sino la vida de las once personas y de sus familiares, quienes hoy también padecen las consecuencias de las decisiones de un joven en estado de ebriedad.

Son viudas, viudos y huérfanos quienes hoy buscan la asistencia de un abogado que los ayude a mantener a Kevin en prisión. Los afectados denuncian que, tras el percance, el gobierno de Tecámac les ofreció el servicio de un defensor que posteriormente los abandonó, dejándolos sin acceso a la carpeta de investigación ni a una guía legal.

La familia Rivera señala que, derivado de las muertes de sus cuatro integrantes, tampoco cuentan con recursos para pagar un representante legal. Aunque, por su antiguo defensor, saben que conducir en estado de ebriedad y causar un accidente mortal puede implicar prisión, acusan que el detenido ha mentido en sus declaraciones ante un juez del Estado de México.

Las inconsistencias en su testimonio podrían llevar a Kevin a obtener el beneficio de enfrentar su proceso en prisión domiciliaria. Por ello, la familia exige que la medida cautelar que se le imponga sea la prisión preventiva.

El acusado declaró que, tras el percance, “una turba de personas violentas lo sacó del coche y lo golpeó hasta dejarlo inconsciente”. Sin embargo, testigos afirman lo contrario: señalan que, tras arrollar a las víctimas, el Volkswagen Jetta se impactó contra un muro y una reja del hospital, dejando al conductor prensado de las piernas.

Fueron elementos de la Guardia Nacional, que vigilaban el hospital, quienes solicitaron apoyo de bomberos para rescatar al joven. Tras liberar los restos del vehículo, el hombre fue auxiliado y trasladado en camilla al hospital.

“Estaba consciente; los golpes que tenía no ameritaban hospitalización. Sin embargo, ante los agentes, decía que era menor de edad, que no podían detenerlo porque tenía 16 años y pedía que lo llevaran al hospital mientras su madre llegaba”, relatan familiares de las víctimas.

La madre de Kevin sí llegó al lugar, pero, según los testimonios, se dedicó a recoger evidencias que aún no habían sido procesadas por peritos. Incluso, el teléfono celular de uno de los fallecidos habría quedado en su poder y, ante el reclamo de la familia, se negó a entregarlo.

Hoy, la familia Rivera implora justicia por la pérdida de sus cuatro integrantes. “Sus cuerpos quedaron tan dañados que fueron entregados en cajas fúnebres selladas para evitar que esa imagen quedara en nuestro recuerdo”, señalan.

También exigen justicia para el resto de los heridos, quienes no han podido retomar sus vidas debido a las secuelas del accidente. “No son solo una cifra de siete lesionados, sino siete vidas que quedaron marcadas por un conductor ebrio que los atropelló”, concluyen.

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