Christopher y Arturo cuentan una historia marcada por la ausencia de referentes, la precariedad económica y un entorno donde el delito formaba parte de la vida cotidiana. Ambos crecieron en una vecindad, en un contexto de carencias materiales y con . Su madre trabajaba en varios empleos para sostener a la familia, lo que hizo que desde muy pequeños los hermanos asumieran responsabilidades que no correspondían a su edad, como cuidarse entre ellos o resolver necesidades básicas sin supervisión adulta.

, el hermano mayor, explica que desde niño tuvo que hacerse cargo de sus hermanos mientras su madre trabajaba. La ausencia de su padre —quien tenía problemas de adicción y abandonó el hogar cuando él era pequeño— marcó profundamente su infancia. Con el tiempo, comenzó a relacionarse con grupos de jóvenes del barrio donde pertenecer a una banda o participar en actividades ilegales se convertía en una forma de obtener reconocimiento y protección. Ese entorno, sumado al consumo de drogas, lo llevó a involucrarse primero en la venta de sustancias y después en otras actividades delictivas. Según relata, el consumo terminó condicionando muchas de sus decisiones, pues necesitaba dinero para sostener su propia adicción y el estilo de vida asociado a ese mundo.

Imagen Ilustrativa: ia
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Arturo, el hermano menor, describe un proceso distinto pero relacionado. Durante su infancia se consideraba un niño que estudiaba y no tenía problemas. Sin embargo, al crecer empezó a sentir que recibía menos atención que sus hermanos mayores, quienes constantemente enfrentaban dificultades que requerían la intervención de su madre. Con el tiempo, empezó a salir a la calle con amigos, primero consumiendo sustancias y después participando en pequeños robos. Su motivación, según explica, estaba ligada al deseo de proveer a sus hijos aquello que él no tuvo durante su propia infancia. Esa idea de “darles todo” terminó justificando sus primeras actividades delictivas.

Ambos coinciden en que la influencia entre hermanos también tuvo un papel importante. Arturo reconoce que admiraba a sus hermanos mayores y quería ser como ellos, lo que lo llevó a imitar sus conductas. En ocasiones, incluso competían entre sí para ver quién conseguía más dinero o bienes robados. Después, estas prácticas se volvieron cada vez más riesgosas y complejas, pasando de robos menores a delitos más graves.

ATRAPADOS

Christopher reflexiona que una vez que se entra a ciertos círculos criminales es difícil abandonarlos. Las rivalidades entre grupos, las deudas y la reputación construida dentro de ese mundo hacen que salir se vuelva cada vez muy difícil. Además, señala que cuando intentó trabajar en empleos formales encontró salarios bajos y condiciones que percibía como humillantes, lo que reforzaba la idea de regresar a actividades ilegales donde el dinero era más rápido y abundante.

Ambos terminaron en prisión por distintos delitos. Christopher ha pasado varias veces por el sistema penitenciario, mientras que para Arturo esta es su primera vez. A pesar de los años que pasaron sin verse, se reencontraron dentro de la cárcel. El momento fue ambiguo: por un lado, significó el alivio de no sentirse completamente solos; por otro, evidenció cómo la historia familiar parecía repetirse.

Arturo expresa una preocupación central: que sus propios hijos crezcan sin su presencia, reproduciendo el mismo ciclo que él vivió. En su reflexión final, reconoce que muchas de sus decisiones estuvieron motivadas por el intento de ofrecerles una vida mejor, pero que el resultado ha sido exactamente el contrario. La historia de ambos muestra cómo factores familiares, sociales y personales pueden entrelazarse hasta normalizar caminos que, desde fuera, parecen inevitables.

“Lo que planeaba desde que estaba chico no me salió. Yo quería darle todo a mis hijos y ser un papá; ahora todo volvió a ser lo mismo, una cadenita otra vez, la misma historia de tres hijos sin papá”, Arturo preso junto a su hermano Christopher.

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