María creció en una familia pequeña, hija de dos médicos que trabajaban largas jornadas. Fue una niña rodeada de actividades: ballet, música, voleibol, teatro, debate, coro. , pero en la preparatoria encontró claridad académica y decidió estudiar medicina, pese a que en un inicio había querido ser física o filósofa. Descubrió su vocación en el hospital, frente a pacientes reales. Ahí entendió que quería dedicarse a la geriatría: escuchar, acompañar y cuidar a personas mayores. Esa era la vida que proyectaba antes de que su nombre quedara vinculado a un proceso penal por feminicidio.

Conoció a su ex en el curso propedéutico de la carrera. ; con el tiempo, iniciaron una relación que duró casi tres años, atravesada por la pandemia y la exigencia académica. María describe una relación que tuvo apoyo mutuo, aprendizaje e independencia, pero también rasgos de codependencia y celos.

Reconoce que, hacia el final, comenzó a sentirse aislada y vacía, como si su mundo se hubiera reducido a la relación. aproximadamente un mes antes de los hechos. Intentaron mantener una convivencia cordial, aunque emocionalmente fue complejo para ambas.

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El día del suceso asistieron a una reunión con compañeros. Su ex llegó después y, conforme avanzó la noche, María percibió que estaba alcoholizada y emocionalmente alterada. Ella insistió en hablar; María prefirió posponer la conversación. Finalmente, accedió a dialogar brevemente fuera del departamento. Lo que sucedió después queda a la historia... Hoy María está acusada del feminicidio de su ex.

Tras la muerte de la víctima, la vida de María cambió de forma radical. Lo que comenzó como un proceso en el que participó como testigo terminó convirtiéndose en una acusación formal en su contra por feminicidio. Meses después de los hechos, fue detenida y trasladada a prisión preventiva, enfrentando un proceso penal que transformó por completo su trayectoria personal y profesional.

Pasó un año y ocho meses privada de la libertad. Durante ese tiempo, vivió el impacto emocional y social de ser señalada por un delito de alto impacto mediático. Su defensa sostiene que la acusación presenta inconsistencias técnicas y periciales, mientras que la familia de la víctima mantiene la convicción de que se trató de un homicidio. El caso se encuentra en disputa jurídica, con posturas claramente confrontadas.

Actualmente, María se encuentra en arresto domiciliario, bajo supervisión con brazalete electrónico, a la espera de resoluciones judiciales definitivas.

No ha podido retomar plenamente sus estudios de medicina ni su proyecto profesional. Vive en una pausa forzada, marcada por audiencias, estrategias legales y la incertidumbre sobre su futuro.

Más allá del expediente, su situación hoy es la de una joven que enfrenta un proceso largo y complejo, sosteniéndose en la terapia, en su familia y en la convicción personal de defender su versión en los tribunales. El desenlace aún no está escrito.

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