Bryan Alexis tiene 22 años y privado de la libertad en México.

Enfrenta acusaciones graves: homicidio, secuestro y tráfico de drogas, derivadas de hechos ocurridos en Tijuana, fue una persona de nacionalidad estadounidense.

Debido a la naturaleza del delito y a que existen tratados bilaterales entre México y Estados Unidos, enfrenta procesos en

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Bryan proviene de una familia que él describe como estable. Creció con su madre, su padrastro —de nacionalidad estadounidense— y sus hermanos: uno de 18 años, una hermana de 15 y un hermano menor de 2 años. Señala que nunca le faltó lo básico y que recibió educación y cuidados.

Sin embargo, reconoce que el deseo de “tener más” fue un factor determinante para inclinarse hacia la vida delictiva desde temprana edad. Comenzó a delinquir a los 15 años y su hermano mayor lo hizo incluso antes.

Detención en Tijuana y proceso en México

En Tijuana, fue detenido en posesión de drogas y armas. Por esos hechos ya fue sentenciado en México y, actualmente, se encuentra firmando por esa condena, mientras avanza el procedimiento de extradición.

Bryan afirma que no supo que era buscado por autoridades estadounidenses hasta el momento de su detención. Desde entonces, ha permanecido bajo custodia durante aproximadamente cinco meses.

A diferencia de otros casos, Bryan no se opone a irse a Estados Unidos. Considera que su situación jurídica podría resolverse de mejor manera, cree que existen menos elementos probatorios en su contra.

Incluso afirma que no le genera miedo enfrentar escenarios extremos, como una cadena perpetua o la posibilidad de la pena de muerte, aunque reconoce la gravedad de lo que enfrenta.

“No le tengo miedo a afrontar el death penalty”, dice Bryan Alexis con frialdad.

Bryan sostiene que, aunque participó en actividades criminales, lo hizo bajo una lógica “laboral”, regida por códigos y principios internos.

Asegura que no se percibe como parte directa del problema de violencia en México y expresa una visión pesimista sobre la posibilidad de una solución estructural al narcotráfico. “No hay solución para el tema del narco y la violencia en México”, afirma.

Vida dentro del crimen organizado

Durante su relato, habla con naturalidad de entrenamientos en la sierra, de rutinas de trabajo nocturnasdormía de día y trabajaba de noche— y de un estilo de vida marcado por el riesgo constante. Aun así, reconoce que no es una vida sencilla ni accesible para cualquiera: “te estás arriesgando todo”, admite.

Su vínculo emocional más fuerte es con su hermana menor, a quien describe como “una princesita”, casi como una hija. Dice que la cuida, la corrige y desea que tenga una vida distinta.

Su hermano, ciudadano estadounidense, también enfrenta un proceso penal en Estados Unidos, aunque espera salir bajo ‘probation’.

Bryan no expresa arrepentimiento ni ofrece disculpas. Afirma que, si pudiera volver a empezar, haría lo mismo, convencido de que su familia estará bien y vivirá con estabilidad económica.

Su testimonio expone una forma de entender el delito desde la normalización, el pragmatismo y la ausencia de culpa, dejando al oyente frente a una realidad incómoda: la de una generación que creció con opciones, pero eligió el riesgo como forma de vida.

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