confesaron en el pasado sus adicciones y, ahora que está próxima a salir la serie del grupo Timbiriche, ellos recordaron de propia voz, sus problemas de los cuales salieron adelante.

“No hay otra forma de decirlo: era yo bien borracho”, confiesa al hablar de su época de más éxito en Timbiriche.

La banda creada en 1982 como una banda infantil se convirtió luego en una banda juvenil en la que sus integrantes descubrieron no solamente la parte luminosa de la fama, también su aspecto más oscuro.

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Es así que algunos de ellos cayeron en la espiral de las adicciones, de la cual lograron salir de diferentes maneras pero con una constante: su telón de fondo fue siempre Timbiriche.

La adicción de Sasha comenzó en 1988, cuando Timbiriche cambia de grupo infantil a juvenil. Desde entonces y durante 5 años, su vida entró en una vertiginosa caída que ella misma describió en una entrevista con Gustavo Adolfo Infante.

“Como sucede con todas las drogas: primero las dominas, luego crees que las dominas y al final te das cuenta de que para nada las dominas”.

La cantante cuenta que un día su cuerpo entró en crisis: tuvo primero una parálisis facial, luego una especie de “patatús” y finalmente su mente se desconectó.

Recuerda con precisión el día que decidió dejar la cocaína, cómo sucedió y dónde fue.

“Me di cuenta de que era algo que no podía manejar yo y al día siguiente, un 17 de junio, me fui a una clínica en Estados Unidos y a partir de entonces no me he vuelto a meter nada... estoy limpia”, confesó la cantante.

Cuando Diego Shoening se quedó como el único miembro original de Timbiriche que siguió para la grabación del disco XII en 1993, sintió un enorme peso emocional y físico.

Eso se junto con su adicción al alcohol que para entonces ya era incontrolable. Hasta que pidió ayuda y fue su padre el que lo ayudó a salir adelante de su adicción al chupe.

“Mi papá junto con un amigo sicólogo dijeron: no lo vamos a anexar pero hay que llevarlo y traerlo para todos lados. Nosotros seremos sus guias en este adicción”, expicó.

Fue así que su padre se levantaba junto con él a las 5 de la mañana para llevarlo a correr, luego al gimnasio y más tarde a leer. “Y para salir, siempre iba alguien conmigo para estarme checando... Ahora tengo 30 años sobrio”, explicó.

Al igual que Diego, Erik Rubín tuvo la mayor de las motivaciones posibles para dejar el alcohol: ser papá.

El rockero estaba en una adicción que ahora recuerda como una etapa en la que no le dejó nada bueno.

“Yo tenía claro que ya no quería eso en mi vida y fui a AA. Hoy mis mejores amigos son AA: estamos en el mismo canal y hacemos nuestras juntas y leo mucho": contó en el podcast ‘La caja de Pandora’.

Ahí el rockero cuenta además que descubrió que un apoyo fundamental fue el de Andrea Legarreta, quien estuvo con él en sus momentos más oscuros por lo que le está profundamente agradecido. “Ahora llevo 22 años sobrio”.

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