LA RENDIJA
Twitter: @lydicar

La larga espera

Mié, 09/03/2016 - 04:00

En aquel entonces, Jonathan vivía con su papá, en San Jerónimo, una comunidad muy pequeña del municipio de Aculco, Estado de México. Si bien la última vez que lo vieron fue el 2 de noviembre de ese año, su mamá, una mujer humilde y ya entrada en años, no supo que se había extraviado sino hasta diciembre, ya que ella vivía en otro lugar. La mujer pensó en interponer una denuncia; sin embargo, una de sus tías le dijo

-Espérate, qué tal que se fue a vivir con alguna muchacha.

Y Eva esperó por seis meses. Pero Jonathan no regresó, ni llamó, ni llegó a presentarle nuera alguna o anunciarle a los futuros nietos. Para junio de 2015, la madre levantó una nota criminal en Jilotepec, Estado de México, proporcionó alguna información que había recabado y de nuevo esperó.

Y tampoco pasó nada.

Para noviembre de 2015, un año después de que Jonathan desapareciera, la señora Eva conoció a un grupo de mujeres en situaciones similares: todas con hijos, hermanos, esposos o familiares desaparecidos, y autoridades omisas, expedientes abandonados, indiferencia.

Estas mujeres la fueron orientando. Le preguntaron si la policía ya le había sacado muestras de sangre para buscar en las bases de datos de ADN o si ya habían conseguido la sábana de llamadas del celular de Jonathan y de algunas personas de interés.

Así, la señora Eva comenzó a convertirse en lo que todo padre con hijo desaparecido termina por volverse: un investigador. Aprendió sobre llamadas telefónicas, muestras de ADN, pero sobre todo, de protocolos y búsqueda en semefos e instituciones.

Así, el 4 de febrero pasado mientras ‘peinaba' los semefos de Nezahualcoyotl y Texcoco, se encontró con un cuerpo que parecía ser su hijo. Las autoridades sólo tenían su muestra de sangre, pero entonces aprendió que no bastaba sólo con la de uno de los progenitores, debía ser la de los dos. Ahora están a la espera de un padre que todavía no entrega su sangre.

Eva ahora va a reuniones en la Procuraduría del Estado de México, en Toluca. La semana pasada, una de las funcionarias le comentó que el expediente de su hijo estaba traspapelado. "Sólo había un folder con la información que yo le he dado, la fotografía de mi hijo, pero todo lo demás estaba completamente vacío".

Lo último que aprendió la señora Eva es que no lleva ni el principio de la búsqueda. Pero también sabe que no va a dejar de buscar a su hijo.

 

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