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CAOSLET AL CLÓSET

Clóset lleno y nada que poner, ¿por qué sentimos que no tenemos ropa?

Hay días en los que parece que ninguna prenda funciona, aunque el armario esté a punto de explotar, detrás de esa sensación hay decisiones, emociones, compras y hasta una percepción distinta de lo que realmente tenemos

Clóset lleno y nada que poner, ¿por qué sentimos que no tenemos ropa? (Foto: Generada por IA / Gemini)
20/09/2026 |08:49
Regina Rábago
Redactora Web en El GráficoVer perfil

Hay una que se repite con una precisión casi matemática: una ocasión importante, una salida que llevábamos días esperando o simplemente una mañana cualquiera en la que necesitamos vestirnos rápido.



Abrimos el clóset.

Miramos.

Movemos algunos ganchos.

Sacamos una prenda.

Luego otra.

Y después de todo ese desfile de ropa, aparece la frase que parece que no tuviera ningún sentido: “No tengo nada que ”. Lo curioso es que probablemente sí tenemos.

Entonces, ¿por qué un armario puede sentirse vacío?

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¿El cerebro también se satura?

Una parte de la respuesta está en algo bastante menos superficial de lo que parece: tomar decisiones cansa.

La American Psychological Association ha recogido investigaciones sobre la fatiga de decisión, un fenómeno relacionado con el desgaste que puede producir enfrentarnos constantemente a elecciones.

Y vestirse implica muchas más decisiones de las que parece. No se trata únicamente de escoger una blusa.

Normalmente hay que decidir qué pantalón, zapatos, bolsa, chamarra y accesorios usar y, después, pensar si todo funciona para el lugar, la ocasión, el clima y cómo queremos sentirnos ese día.

Cuando existen demasiadas posibilidades, elegir puede dejar de sentirse como libertad y comenzar a sentirse como trabajo.

¿Cuándo la ropa deja de ser una opción?

También existe otro detalle: no todo lo que está en nuestro clóset lo percibimos como una posibilidad real.

Una prenda puede estar perfectamente colgada y, sin embargo, nuestra mente descartarla automáticamente.

“Eso es para salir”.

“Eso ya no me gusta tanto”.

“Eso necesita plancharse”.

“Eso no combina con nada”.

“Eso me lo puse hace poco”.

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La prenda sigue ahí, pero dejó de formar parte del repertorio que consideramos disponible. Por eso un armario puede tener decenas de piezas y, en nuestra cabeza, quedar reducido a las cinco que usamos constantemente.

¿Comprar más ropa realmente lo soluciona?

Aunque no lo crean, existe una de las trampas más curiosas: sentir que no tenemos qué ponernos puede empujarnos a comprar.

Una prenda nueva tiene algo que las que ya están en el clóset no tienen: la sensación de posibilidad. Es nueva, combina con la idea que tenemos en mente y todavía no está asociada con todas esas ocasiones en las que ya decidimos que “no funciona”.

Pero después de unas semanas puede terminar exactamente igual que las demás: colgada, olvidada y esperando su momento.

Un reporte de Vestiaire Collective citado por British Vogue encontró que una proporción importante de las personas encuestadas decía experimentar con frecuencia la sensación de no tener qué ponerse, pese a contar con armarios grandes. El reporte también señaló una desconexión entre las personas y parte de la ropa que poseen.

Y aquí entra una razón todavía más personal. Hay prendas que no conservamos porque las usemos, sino porque significan algo, sacarlas del clóset puede sentirse más difícil que simplemente tirar un pedazo de tela.

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Así, el armario termina convertido en una especie de archivo personal: algunas prendas sirven para vestirnos y otras sirven para recordar.

Los gustos, las rutinas, los lugares a los que vamos, todo eso cambia y mientras tanto la ropa, sigue siendo la misma.

Por eso podemos conservar prendas que alguna vez fueron parte fundamental de nuestra vida, aunque actualmente casi ninguna ocasión parezca adecuada para utilizarlas.

No necesariamente significa que tengamos mal gusto o que “necesitemos renovar todo”. También puede pasar que nos dejemos llevar por las tendencias y terminemos comprando prendas que nos encantan en determinado momento, pero que después no sabemos cómo incorporar a nuestra vida cotidiana.

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Entonces, ¿qué estamos buscando frente al clóset?

Quizá, en realidad, no estamos buscando únicamente ropa.

Por eso una prenda puede parecernos perfecta un día y completamente ajena semanas después. No necesariamente cambió la ropa. Cambiamos nosotras y también lo que necesitamos de ella.

Tal vez por eso esa frase, “no tengo nada que ponerme”, resulta tan difícil de explicar: porque no habla únicamente de lo que hay dentro del clóset, sino de la distancia entre lo que tenemos y lo que sentimos que necesitamos ser ese día.

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