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En California, una escena que parece sacada de una película está dando la vuelta al mundo: cuidadores de fauna silvestre se disfrazan literalmente de osos para criar a cachorros huérfanos. Pero detrás de lo que en redes sociales ha provocado ternura y risas, hay una estrategia científica clave para la supervivencia de estos animales.
Todo ocurre en el centro de vida silvestre de la San Diego Humane Society, donde especialistas atienden a oseznos que fueron encontrados solos en bosques de California, sin rastro de su madre. Algunos de estos cachorros apenas tenían semanas de vida cuando fueron rescatados en condiciones críticas.
Para evitar que desarrollen apego hacia los humanos, los cuidadores utilizan trajes completos de oso: incluyen pelaje, máscaras, guantes e incluso olores impregnados con esencia de oso para simular la presencia de su especie.
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La razón es simple pero crucial: si un oso se acostumbra a los humanos, su vida en libertad puede estar en peligro. “El disfraz tiene como objetivo evitar que el osezno establezca un vínculo con el ser humano”, explican especialistas que participan en el programa de rehabilitación.
Y es que, en la naturaleza, un oso que pierde el miedo a las personas puede acercarse a zonas urbanas, lo que aumenta el riesgo de conflictos… y en muchos casos, termina siendo sacrificado.
Además del peculiar vestuario, los cuidadores replican comportamientos naturales: juegan con los cachorros, esconden comida en árboles, estimulan que excaven en busca de insectos y los rodean de elementos que imitan su entorno natural. Incluso utilizan peluches gigantes que funcionan como “mamás sustitutas” para darles seguridad.
Este método ha cobrado relevancia en redes sociales, donde videos de los “humanos-oso” se han vuelto virales. Comentarios como “yo también quiero ese trabajo” o “el mejor empleo del mundo” han inundado plataformas como Instagram y Facebook.
Sin embargo, expertos advierten que no se trata de un espectáculo, sino de un delicado proceso de conservación. El objetivo final es liberar a estos animales en su hábitat natural, completamente independientes y con sus instintos intactos.
Este tipo de prácticas también está ligado a un concepto clave en la biología: la impronta. Si un animal joven identifica a los humanos como su familia, puede perder la capacidad de relacionarse con su propia especie, lo que compromete su supervivencia.








