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Por Berenice González
La palabra láser hizo eco en la cultura popular a través de la saga fílmica de Star Wars. El surgimiento de esta tecnología en la defensa militar marca la transición de la ciencia ficción a aplicaciones reales de energía dirigida para destruir drones y misiles.
El actual conflicto de Estados Unidos e Israel contra Irán evidencia nuevas armas y estrategias militares utilizadas durante los conflictos bélicos. En especial en el uso militar del láser, que utiliza amplificación óptica basada en la emisión estimulada a través de radiación electromagnética.
A principios de mes, un cohete disparado por Hezbollah cruzó la frontera desde Líbano. En otro momento, el sistema de defensa israelí Domo de Hierro habría detectado la amenaza, calculado su trayectoria y disparado un misil interceptor Tamir de 50 mil dólares; pero, por primera vez, un arma de energía láser de alta potencia halló su objetivo, lo calentó hasta el punto crítico y lo desintegró en pleno vuelo. Estas herramientas marcan un nuevo capítulo en la defensa aérea, aunque su historia se remonta a hace 100 años.
UN SIGLO DE INVESTIGACIÓN
Albert Einstein propuso en 1916 que los átomos pueden liberar un exceso de energía en forma de luz. Esta idea condujo al desarrollo del láser. Hace un siglo, el físico alemán Rudolf Walther Ladenburg realizó la primera observación de la emisión estimulada, que no parecía tener ninguna aplicación, hasta que en 1951, Charles H. Townes ideó un método para producir una emisión estimulada a frecuencias de microondas.
A finales de 1953, presentó un aparato que concentra moléculas de amoniaco “excitadas” en una cavidad resonante de microondas. Townes denominó “máser” al dispositivo, que designaba la amplificación de microondas mediante la emisión estimulada de radiación. La teoría del funcionamiento del máser fue descrita por separado por dos científicos del Instituto de Física PN Lebedev de Moscú: Nikolay Gennadiyevich y Alexander Mikhaylovich. Los tres recibieron el Premio Nobel de Física de 1964 por sus contribuciones.
Los láseres se clasifican en químicos, gaseosos y de estado sólido. También pueden ser de onda continua (CW) o pulsados. Cada tipo produce una longitud de onda de radiación que interactúa con la atmósfera de manera diferente. Un rayo láser puede ser dispersado o absorbido por moléculas de aire, vapor de agua o polvo.
En el sector militar, el láser se clasifica según sus niveles de potencia.
Los láseres de baja energía tienen menos de 1 kW de potencia y se utilizan en sistemas de simulación de armas para entrenamiento, para interferir sensores de sistemas de comunicación o para uso antipersonal contra el ojo humano. Son más silenciosos y menos detectables.
Una investigación del Departamento de Defensa de Estados Unidos sobre la tecnología láser en el ejército menciona que los láseres de energía media producen de 10 kW a 100 kW de potencia y se utilizan para la destrucción de dispositivos ópticos o en objetivos terrestres y espaciales.
Los láseres de Alta Energía (HEL) generan más de 100 kW y se utilizan en sistemas antiaéreos o antimisiles. Al alcanzar la velocidad de la luz, ofrecen un tiempo de impacto mucho más corto, dependiendo del terreno y la velocidad del objetivo.
CIENCIA EN LAS ARMAS
La relación entre ciencia, tecnología y guerra ha ido de la mano a lo largo de la historia. La financiación de fabricantes de armas ha fluido a través de instituciones científicas que han avalado arsenales estatales e intereses privados.
Para garantizar un suministro de científicos e ingenieros, las grandes potencias militares han financiado educación y capacitación para la generación de armamento y estrategias militares.
Las armas de guerra modernas utilizan Inteligencia Artificial (IA) y marcan una nueva revolución militar que transforma la logística y la capacidad de combate. Los protagonistas son misiles de alta precisión y drones suicidas de bajo costo.
El Pentágono utilizó servicios de IA de Anthropic durante su ataque contra Irán. Se trata de una empresa estadounidense de inteligencia artificial








