La historia de la evolución humana no solo se escribió con herramientas de piedra, sino también entre las sábanas (o pieles) de la prehistoria. Un nuevo análisis genético ha puesto bajo la lupa la relación entre los humanos modernos (Sapiens) y los Neandertales, confirmando que los encuentros sexuales entre ambas especies fueron mucho más frecuentes y complejos de lo que se pensaba.
Aunque no podemos viajar en el tiempo, nuestro código genético funciona como una bitácora de navegación. Científicos de la Universidad de Pensilvania y la Universidad de Michigan han analizado cómo el ADN neandertal persiste en la mayoría de los humanos modernos fuera del África subsahariana.
Este pequeño pero significativo porcentaje de genes no es solo una curiosidad; influye directamente en nuestra salud, ayudándonos a combatir ciertas enfermedades, aunque también nos hace vulnerables a otras.
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Uno de los hallazgos más fascinantes publicados en la revista Science es la distribución desigual del ADN. Según el genetista Alexander Platt, los datos sugieren una tendencia clara: hubo una mayor frecuencia de emparejamientos entre varones neandertales y mujeres humanas modernas, y no al revés.
Esta conclusión surge tras observar una "escasez sorprendente" de ADN neandertal en el cromosoma X humano en comparación con otros cromosomas no sexuales. Este vacío genético abre un debate sobre la naturaleza de estas interacciones:
Para la genetista Sarah Tishkoff, la evolución no fue simplemente una competencia de "genes fuertes contra débiles". El genoma humano actual es el resultado de interacciones sociales complejas que esculpieron nuestra identidad biológica.
"No sabemos si alguna vez tendremos una respuesta definitiva sobre cómo ocurrió esto, pero los resultados muestran que la evolución es el producto de nuestra historia social", comenta Xinjun Zhang.