Tokio.– Tras más de cinco décadas, Japón se quedará sin pandas gigantes por primera vez desde 1972, ya que los dos últimos ejemplares —los gemelos Xiao Xiao y Lei Lei— partieron rumbo a China

La partida de estos emblemáticos animales, que hasta ahora residían en el Zoológico de Ueno en Tokio, marca el final de una larga era de lo que se conoció como la “diplomacia del panda”: un gesto de para estrechar vínculos diplomáticos con otros países.

La historia de los pandas en Japón se remonta a 1972, cuando China envió la primera pareja de pandas a Tokio de las relaciones diplomáticas entre ambos países. Desde entonces, los pandas —y más tarde sus crías nacidas en Japón— se convirtieron en una sensación cultural y un atractivo turístico que trascendió generaciones.

Durante décadas, estos animales fueron vistos no solo como atractivos zoológicos, sino como símbolos de amistad y cooperación bilateral. Su popularidad era tal que los visitantes abarrotaban el zoológico, las tiendas vendían productos temáticos y las figuras de panda se volvieron omnipresentes en Tokio.

Nostálgica despedida

Visitantes y residentes expresaron tristeza y nostalgia por la partida, destacando la conexión cultural que los pandas habían forjado con varias generaciones de japoneses. Algunos manifestaron su esperanza en que, pese a los retos diplomáticos, los pandas puedan regresar en el futuro.

Los pandas gemelos regresaron a China conforme a los términos del acuerdo de préstamo —pues China es propietaria de todos los pandas gigantes fuera de su territorio— y su contrato expiró en febrero de este año.

Su retorno se produce en un momento de enfriamiento de las relaciones diplomáticas entre Japón y China, en gran parte por declaraciones de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, sobre la posibilidad de que Japón apoye militarmente a Taiwán en caso de una agresión china. Estas tensiones han generado dudas sobre la renovación de acuerdos y la llegada de futuros pandas al país.

En términos diplomáticos, la diplomacia del panda ya no es solo una herramienta de buena voluntad, sino un símbolo que puede resentirse cuando las relaciones entre países se tensan. Japón, al quedarse sin sus osos panda, observa cómo un icono de amistad bilateral se desvanece en un contexto de incertidumbre y rivalidad política.

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