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Atadas a colas de silicona brillante y con el cabello flotando bajo el agua, las sirenas profesionales parecen moverse con total naturalidad. Sin embargo, detrás del espectáculo hay horas de entrenamiento, control de la respiración y una estricta preparación física y mental. “No es solo nadar bonito: necesitas concentración total y saber exactamente cuánto tiempo puedes permanecer bajo el agua”, explica Katrin Gray, conocida como Mermaid Kat.
La llamada pesca de sirenas se ha convertido en una industria artesanal global. Existen concursos, convenciones y retiros internacionales donde aspirantes practican la patada de delfín y perfeccionan su actuación. Artesanos fabrican colas a medida, sujetadores enjoyados y accesorios especializados, mientras que un reality de Netflix, MerPeople, documenta el lado fascinante —y a veces peligroso— del oficio.
Gray es una pionera del movimiento. Su obsesión infantil con La Sirenita la llevó a nadar con cola mientras trabajaba como instructora de buceo en Phuket, Tailandia. “La gente empezó a pedirme shows para fiestas y eventos; sin darme cuenta, ya era sirena de tiempo completo”, recuerda. En 2012, fundó la primera escuela de sirenas del mundo.
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DESAFÍO
Hay riesgos laborales detrás de la magia. Mantener los ojos abiertos bajo el agua implica visión borrosa; las infecciones de sinusitis y oído son comunes; la hipotermia y el mareo son una posibilidad y, al terminar, salir de la silicona ajustada es todo un reto.
Sin embargo, el desafío es parte del encanto. Más allá del show, muchas usan la fantasía como herramienta educativa. Para otras, el agua es un salvavidas emocional.
“Quienes desean ser sirenas buscan añadir más color y fantasía a sus vidas, y a menudo hay una razón para ello”, dice Gray.










