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Washington. - La administración de Donald Trump ha endurecido su control sobre el crudo venezolano, anunciando que esta intervención será por tiempo indefinido. Como parte de esta estrategia, las autoridades estadounidenses incautaron dos buques sancionados, al tiempo que flexibilizaron ciertas restricciones para permitir la venta de combustible en el mercado global bajo su supervisión.
Control estratégico y embargo
El objetivo central de Washington es gestionar la distribución mundial del petróleo de Venezuela tras la remoción del poder de Nicolás Maduro. Según el Departamento de Energía, a partir de ahora, todo flujo petrolero desde o hacia la nación sudamericana deberá realizarse exclusivamente a través de canales autorizados por Estados Unidos.
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La respuesta de Moscú
El Ministerio de Transportes de Rusia denunció la intercepción ilegal del petrolero Marinera, de bandera rusa, mientras navegaba en aguas internacionales. Moscú sostiene que esta acción:
- Viola la Convención de las Naciones Unidas de 1982 sobre el derecho del mar.
- Es catalogada formalmente por el Kremlin como un acto de piratería.
La Cancillería rusa ha exigido a Washington la liberación inmediata y el retorno seguro de la tripulación. Además del "Marinera", el buque M Sophia también permanece bajo custodia estadounidense.
La "Flota Fantasma"
Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional de EE. UU., justificó las acciones señalando que ambas embarcaciones forman parte de una "flota fantasma" de petroleros antiguos. Según el informe oficial, estos buques son utilizados para el contrabando de crudo en beneficio de países sancionados como Venezuela, Rusia e Irán.








