Se busca, con ello, congraciarse con el extraño, para que no nos pueda causar ningún mal. Se dice que cuando aparece la santa compaña, cesan por completo los sonidos de la naturaleza. Es como si realmente estuviéramos contactando con otra dimensión, otra realidad.
Además, se asegura que no todos pueden ver estas procesiones fantasmales, solo aquellos que tienen facultades paranormales desarrolladas, o según creencias curiosísimas de zonas de España como Galicia, principalmente, aquellas personas que fueron ungidas durante su bautizo, con error, con el aceite con el que el sacerdote unge a los moribundos, y no con el aceite de los recién nacidos.
Para que la Santa Compaña no te lleve con ella, al igual que en la leyenda de las Mestas, la solución, se asegura, es rezar, pero también se habla de otros métodos, como trazar un círculo en el suelo o llevar encima una cruz bendecida.
Aunque la leyenda de la Santa Compaña esté tan ligada a España, en México también hemos encontrado muchas leyendas de procesiones de muertos. Una de las que más llamó mi atención la descubrí en el complejo arqueológico de Teotihuacán, en el Estado de México.
Me contaba el personal que allí han sido varios los trabajadores que, a la mitad de la noche, han podido contemplar “una procesión de muertos. Pero solo se ven las lucecitas que portan y se escuchan los ruidos que hacen. Suelen desaparecer cuando llegan a las cercanías de la Pirámide de la Luna”.
Ya sea en México o en España, las procesiones fantasmales nos remiten a un concepto fascinante: el de las ánimas, los fantasmas en el seno de la Iglesia.
Las ánimas serían las almas de los que han muerto sin haber confesado sus pecados o sin haber recibido los santos óleos. Antes de subir al cielo, estarían un tiempo purgando sus pecados, periodo en el que pueden ayudar a los que les invocan.
De verdad que son cientos de personas las que me han escrito para decirme que las ánimas le socorrieron en situaciones complicadas y que, a su vez, les pidieron un pago por sus favores: rezos y veladoras para salir pronto del purgatorio.
Aunque el papa Benedicto XVI dijera en su momento que el purgatorio no es un espacio físico, sino un fuego del alma, a la fecha la tradición sigue viva. Estas ánimas siguen en el imaginario colectivo y quien sabe si también en nuestra realidad, en nuestras madrugadas, en nuestros sueños o en nuestras pesadillas. Todo depende de nuestra mirada.