PREGUNTA
No me juzguen, pero el otro día salí con una mamá soltera…Sí, la verdad me ganó el morbo y a la hora de los besos y arrimones, le probé tantita leche materna. Ahora, pues me entró el remordimiento. No sólo por sentirme todo menso o pervertido, si no porque no sé si está del todo sana o qué tal que tiene VIH, ¿me infectaré? Ayuda. ¡No lo vuelvo a hacer! José O.
RESPUESTA
José, tranquilo, recuerda que acá te leemos y no te juzgamos. Y calma, el riesgo de contraer VIH por ingerir o probar una pequeña cantidad de leche materna en un encuentro casual entre adultos es extremadamente bajo. Para que hubiera una infección real, tendrías que haber tenido llagas o heridas abiertas y sangrantes en la boca, y ella tendría que tener una carga viral altísima. La leche materna sí puede transmitir el VIH de madre a hijo (en lactancia prolongada), pero en adultos el ácido del estómago y las enzimas de la saliva neutralizan la mayoría de los virus. Lo que sí es real es el remordimiento, te sientes “pervertido” por explorar una fantasía (lactofilia) que es más común de lo que crees. Si de verdad no puedes dormir, hazte una prueba de cuarta generación en tres semanas para descartar cualquier duda y recuperar tu paz mental. Pero de entrada, quédate tranquilo; fue un experimento curioso, no una sentencia de muerte.
PREGUNTA
Mi miembro mide 10 centímetros; es muy pequeño y cuando tengo relaciones, se sale mucho. Estoy muy amargado y me da un terrible inseguridad salir con una mujer por que sé que soy un fracaso en la intimidad. Sergio P.
RESPUESTA
Sergio, te estás castigando por un estándar de la industria porno que no tiene nada que ver con la satisfacción real. Diez centímetros en erección están dentro del rango funcional normal, aunque sea el límite inferior del promedio. El problema no es tu tamaño, es tu técnica; si se sale mucho, es por la posición. Prueba posiciones donde ella cierre las piernas (como la “cruz”o el misionero con sus piernas sobre tus hombros), esto aumenta la fricción y evita que te salgas. Recuerda que los nervios de placer de una mujer están en los primeros 3 a 5 cm de la vagina. Un hombre con un pene de 10 cm que sabe usar la boca, los dedos y el ritmo, es mil veces mejor amante que uno de 20 cm que no sabe ni dónde está el clítoris. Deja de ver tu cuerpo como un enemigo y empieza a verlo como una herramienta que sólo necesita mejores técnicas.
PREGUNTA
Me gusta tener intimidad a lo rudo. Con un ex descubrí lo mucho que me excita que me jalen del cabello, me den nalgaditas y que me tomen del cuello para llegar al orgasmo. Ahora salgo con un caballero que me trata como princesa, la acción con él no es mala, pero podría ser mejor. Una vez le propuse que, sin miedo, me hiciera todo lo que me gusta, lo intentó pero no se soltó, dijo que le daba pánico lastimarme. ¿Cómo lo convenzo de que deje de ‘fresearse’. Frida l.
RESPUESTA
Según los terapeutas, lo que le pasa a tu pareja es el “Síndrome de la Madonna”, donde a los hombres les cuesta trabajo conjugar el respeto y el cariño que tienen por su pareja con la agresividad erótica. Él te ve como alguien a quien cuidar, no a quien someter. Para que él se suelte, tienes que quitarle la responsabilidad del daño. Establezcan una palabra de seguridad (como “amarillo” para bajar la intensidad o “rojo” para parar) . Esto le da a él la tranquilidad de que, si no escucha esa palabra, tú estás disfrutando. Empiecen de menos a más: pídele que te sujete las muñecas mientras te besa o que aumente la fuerza de las nalgadas poco a poco. Dile claramente: “Mi placer es que tú tomes el control; te juro que no me rompes, me prendes”. Cuando él vea que después del sexo “rudo” tú estás feliz y más conectada con él, perderá el miedo.
Consultorio Sexual es un espacio para resolver tus dudas sobre sexualidad y orientarte con responsabilidad.
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