PREGUNTA

En casa ya no discutimos por tonterías: discutimos por todo. Por las noticias, por política y hasta por lo que ven los niños en redes. Siento que mi mujer y yo traemos el nervio encima, la furia viva y no tenemos sexo. Esta mal que mis hijos aprenden a vivir tensos y hablándonos feo, no recuerdo cuándo nos besamos la última vez. Hemos aprendido a normalizar las agresiones, a hablarnos a gritos. ¿Cómo le hago si cuando la veo me sale el enojo y no el amor?

RESPUESTA

Urge una pausa diaria en su vida. Salgan juntos a caminar. Invítala a un café cercano, a un parque público sin hijos como testigos. Aprende a hablar de lo que es suyo, de ustedes dos, de cómo se resuelven los malentendidos, del desgaste que los tiene furiosos. Hasta para separarse hay que respirar y despedirse sin gritos. Tus hijos pueden aprender de su ejemplo, de su tono, de sus acuerdos. Busca ayuda profesional, vivir en paz es mucho mejor que vivir enojados. Necesitan ayuda profesional, una terapia que pueda cambiar el tono.

PREGUNTA

Troné con mi novio porque me revisaba el celular, ahora lo extraño si camino sola. Es nuevo no sentirlo a mi lado, su control era su forma de cuidarme. Terminó siendo un controlador; eso, censura y vigilancia. Me odio cuando lo extraño. Saberlo viéndome, me daba tranquilidad. Su control era protección. Ahora siento miedo.

RESPUESTA

Entiendo. Que alguien te acompañe es bonito, que alguien te vigile, no. Extrañar compañía no significa que debas aceptar dominio. Fortalece tu autonomía, construye seguridad: aprende rutas, comparte ubicación con amigas, forma tu propia red. Toma cursos de defensa personal, toma rutas seguras, construye amistades, comparte trayectos. La seguridad que nace de ti es más sólida que la que depende de otro.

PREGUNTA

Anoche, otra vez angustiada, me quedé esperando a que mi hijo llegara. Eran casi las 11 pm, pero afuera se escuchaban motos y cohetes, y yo, con los nervios, sin saber si eran fiesta o balazos. Antes me dormía, ahora me quedo vestida “por si acaso”. Mi marido dice que no piense tanto, que es mejor no hablar de lo que se oye en la colonia. Él me invita a tener intimidad, pero yo no puedo. El miedo se me mete al alma y me paraliza. Dicen que andan operando unos grupos nuevos en la colonia. Mi marido me dice: “Tú no comentes nada ni con tus amigas, ni conmigo ni con nadie, véngase para acá, no piense cosas feas”. ¿Cómo se saca uno de la cabeza las cosas que no se ven, pero se sienten? ¿Se debe vivir con la boca cerrada y el corazón apretado?

PREGUNTA

Acuerda con tus hijos reglas claras: horarios, mensajes de llegada, rutas seguras. Cuando hay acuerdos, el miedo baja. Esa tensión se contagia. Si algo pasa, lo enfrentarás con cabeza fría, no con insomnio acumulado. No le regales tu paz a lo que escuchas. El silencio tenso no es normal. La intimidad es “lo que toca”, define mejor lo que quieres y lo que tienes.

PREGUNTA

Conozco mujeres increíbles, inteligentes, guapas y nunca termino con ellas en la cama. Algo me molesta, que si habla mucho, que si es intensa, que si muy tranquila. Luego empiezan a pedir formalidad, a querer que yo conozca a la familia, a cenas con amigos y compromisos de todo tipo. Yo acabo con ganas de correr lejos. ¿Soy demasiado exigente o no quiero atarme?

RESPUESTA

No buscas a la mujer perfecta, buscas la salida perfecta. Cuando alguien empieza a importar, aparece el miedo, te llenas de excusas para no involucrarte. Si disfrutas tu soledad, admítelo. Quizás te conviene buscar a un hombre en lugar de una mujer o quizás no estás buscando pareja: estás defendiendo tu independencia. Recapacita y acepta lo que realmente quieres.

PREGUNTA

Mi hija me dijo que en su salón hay quienes se identifican como perros y que eso es respetable. Yo trato de jugar a ser abierta para escucharla, para entender sus argumentos, pero me asusta, creo que no hay límites. No quiero ser la mamá anticuada, pero tampoco la que se queda callada. ¿Dónde está el equilibrio? ¿Debo cambiarla de escuela?

RESPUESTA

Eso de los therians, tú haz preguntas, pero no des sermones. No pierdas la cabeza; úsala. Cada generación exagera algo para sentirse especial. Tu papel no es burlarte, sino pensar, acompañar con criterio. Pregunta qué significa para ella, qué buscan esas expresiones, a veces es pertenencia. El equilibrio está en escuchar sin rendirte. Puedes respetar a las personas sin validar cualquier conducta. Si sientes que rebasa la línea de la salud mental, actúa con firmeza. Amar también es poner límites.

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