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PREGUNTA
Siento que estamos marchitos. No por infidelidad, no por falta de amor, sino porque la rutina nos está comiendo vivos. Siempre hay algo o alguien más importante que yo. Cuando llega en las noches o nos atontamos en la tele o nos da por opinar sobre las noticias o la política y acabamos contaminando nuestro espacio con asuntos que no están en nuestras manos. Es extraño, cuando éramos jóvenes coincidíamos tanto. ¿Cómo se vuelve a elegir a la pareja cuando todo lo de alrededor pesa tanto?
RESPUESTA
Volver a elegirse es un acto consciente, a veces doloroso. Implica dejar todo afuera para no perderse entre ustedes. La intimidad no muere de golpe: se va secando cuando no se protege. Si no defienden su vínculo, nadie más lo va a hacer por ustedes. Estar en desacuerdo no es el problema es cómo respectar las diferencias.
PREGUNTA
Mi tía vive hablando mal de mi esposo. Dice que no es suficiente, que me conformé y así, cada reunión, es un cuchillo que me corta el alma, especialmente cuando dice: ‘Tomás no es muy bueno para el negocio’, y es la verdad, Tomás no le mete a la chamba. A Tomás le gusta mucho andar con su cerveza y yo, cuando oigo en boca de mi tía el nombre de Tomás, lo defiendo a gritos, pero luego en la noche lo miro ya solos en la casa y algo se rompe. Me siento enojada porque todo lo que me dijo mi tía es verdad. ¿Esto tiene arreglo?
RESPUESTA
La lealtad dividida mata. No se puede amar a alguien a quien no se admira. El deseo necesita orgullo, no vergüenza. Defender a tu pareja no es pelearte con tu familia: es elegir desde dónde quieres construir tu vida. La relación va a seguir sangrando en silencio.
PREGUNTA
Me da pena decirlo. Desde que enviudó mi suegra, se ha volcado a nuestra vida y más a la de mi marido y ahora ella opina de todo: que cómo cocino, cómo me visto, cómo lo trato. Le habla diario, a veces tres veces. Los fines de semana sale con un “ahorita no, mi mamá necesita algo”. No me siento su pareja, me siento la intrusa entre ellos dos y si hablo mal de la señora, bueno, días y días castigada con el desprecio de mi marido y con caras largas, con su manera especial de decir cosas feas. Dime, ¿de verdad una tercera persona puede enfriar una cama?
RESPUESTA
No es inteligente el combate con tu suegra. Eso no te lleva a nada bueno. Poner a tu marido en medio es un gran error, definitivamente su madre ocupa su centro en este momento y te ha dejado en la orilla. Necesitas poner límites claros con los dos, darles sus tiempos, ser una compañera inteligente y generosa, no te está fallando como compañero, se están fallando los dos.
PREGUNTA
Vivimos juntos, la amo, pero sus hijos (no míos) no tienen límites. Gritan, se meten a la cama, opinan de todo. No me siento dueño de mi casa. Me apago, es imposible poner orden sin entrometerme en la educación de los niños. No podemos intimar porque sus hijos se interponen, y peleamos. ¿Qué se hace, el amor de mi vida no educa bien a sus hijos y yo me quedo en medio?
RESPUESTA
El deseo necesita un mínimo de admiración y de territorio. Amarla a ella no significa dejar que sus hijos gobiernen en tu casa. Necesitas marcar límites, si no, se romperá tu lugar como pareja. El orden no es castigo, es cuidado. Y si no recuperas ese espacio íntimo, la relación se va a ir muriendo con o sin pleitos.
PREGUNTA
Quiero a mi marido, pero también a mi amante. Son dos fuerzas distintas, me mantienen alegre y viva desde hace tiempo, me dan una energía especial que me hacen ser esa que soy yo. No me escondo, no lo niego. Soy para muchos una bruja, la mujer que necesita de dos para estar completa, para ser feliz. Qué puedo decir diferente, a nadie se lo puedo negar, soy infiel de nacimiento, me gusta mi vida con dos. ¿estoy mal?
RESPUESTA
Qué bueno que sabes lo que necesitas, qué bueno que los tienes a los dos, qué bueno que te sientes bien y aceptas quién eres. Quizás también ellos tienen otra, las personas a las que les funcionan los matrimonios abiertos se sienten bien así.




