PREGUNTA
Tengo 55 años y estoy empezando una relación. Me pasa que me da pena que me vea sin ropa y conozca mis imperfecciones, entonces me escondo y me vuelvo infantil, y no me baño con él ni le muestro mi cuerpo sin nada. Él me dice que quiere verme, que me desea, que no me esconda. Que el cuerpo es el cuerpo. Y es que me comparo con la que fui, con quien ya no soy y, con la edad, mi cuerpo me da pena. ¿Dime qué es lo que debo de hacer?
RESPUESTA
Ni modo que te pases el noviazgo dentro de las sábanas. En la cama, las nalgas aguadas, los senos caídos, los pelos púbicos y la celulitis no cuentan; acepta que esa eres tú y si quieres verte mejor, vete hoy al gimnasio, pero un cuerpo de 58 años es un cuerpo imperfecto, lo sabemos todos. Entiendo que cuando el cuerpo se siente observado, se cierra, pero debes verte como un territorio vivo, no como ruina que se desmorona.
PREGUNTA
Después de que mi hombre me engañó, decidí quedarme. Y sé que lo amo, pero cuando me toca me dan ganas de llorar, me siento tan traicionada, tan tonta y débil por no poder volver a la intimidad “normal”, pero parte de mí lo odia y estoy muy enojada. Estoy dividida entre estos sentimientos que me tienen aturdida, casi que entamalada y descontrolada.
RESPUESTA
No eres débil ni tonta: estás herida. El amor puede decidir quedarse, el cuerpo habla desde otro lugar. Pretender normalidad es otra forma de violencia, pero de tu persona a ti misma. Vas a poder normalizar las relaciones cuando recuperes la confianza, no tienes por qué minimizar lo que sientes, escucha a tu cuerpo y que lo escuche él también.
PREGUNTA
Él quiere directo, yo necesito hablar antes. Dice que le bajó la calentura, yo siento que me usa. ¿Quién tiene razón? La intimidad ocurre, pero luego me siento sola. No sé cómo decirlo sin parecer ingrata. No sé establecer un diálogo sin palabras. ¿Qué hago con este hueco que no me deja en paz?
RESPUESTA
Tu pide, sin pena, lo que necesites para estar bien contigo después de hacerlo. Todo se vale si en ello va tu bienestar. El vacío es lucidez. El cuerpo avisa cuando hubo contacto, pero no encuentro. Callarlo te rompe por dentro. Nombrarlo puede romper la imagen…o salvar la verdad. Lo que buscas es presencia. El deseo no entra por la misma puerta en todos los cuerpos. El reto es lograr agarrar el ritmo y escuchar el idioma del otro. No te vuelvas loca, no te claves.
PREGUNTA
Discutimos por dinero, especialmente por la ayuda que le doy a mi mamá. Por su hermana que se mete en nuestra vida, por todo lo que no sale bien y luego quiere tocarme y yo, no puedo ceder, me quedo dura. No es venganza, no sé si llamarlo asco, pero seguro es resentimiento; yo necesito sentir que somos aliados, que mis preocupaciones son las suyas y, en cambio, siento que me da un golpe seco tras otro. ¿Cómo se acuesta una con alguien a quien no le tiene ni admiración ni confianza?
RESPUESTA
El cuerpo no miente y no puede ceder cuando se siente traicionado. Si no hay pruebas de cariño y de lealtad durante el día, es difícil que haya entrega de noche. El acto es placer cuando hay reparación, unión; es una forma de fomentar la unidad que existe en la pareja, por eso te sientes tiesa y paralizada cuando te toca en lugar de ceder a las caricias. Necesitan hablar, hacerse cargo de lo que sienten y recuperar la confianza para hacer el amor en serio.
PREGUNTA
Vivimos en un departamento chico, arriba del taller donde mi marido trabaja. Yo limpio casas. Al arrancar el día, él sube y yo bajo. A veces comemos juntos y, para la noche, ambos ya estamos molidos. A mí me dan ganitas, pero la verdad me freno. Y es que siento que pedir caricias es como otro gasto que no alcanza. ¿Me entiendes? Es otro rechazo con el que ya no puedo más. La verdad, siento miedo. No tengo fuerzas de que me diga: “No, hoy no quiero”. ¿Me entiendes?
RESPUESTA
Te entiendo perfectamente. Lo difícil es entrar en la sintonía del dar y recibir, y se logra con el sentimiento de agradecimiento en la mente. Recuerda esas ganas de darle al otro, suelta el miedo. Mereces placer. Empieza con mirarlo con agradecimiento, agradece con la mirada un último detalle o un viejo regalo, un momento especial en su compañía. Dar y recibir es la fórmula del amor; empieza por dar.




