En las profundidades de la selva ecuatoriana existe un lugar que parece desafiar todo lo que conocemos: la misteriosa Cueva de los Tayos. Sus enormes galerías, pasadizos estrechos y cámaras naturales han alimentado durante décadas historias sobre civilizaciones desconocidas, tablillas metálicas y posibles accesos a un mundo intraterreno. Sin embargo, una de las experiencias más inquietantes ocurrió en diciembre de 2025, ecuatoriano Neptalí Mena aseguró haberse encontrado con tres seres oscuros y sin rostro.

La expedición estaba integrada por siete personas. aproximadamente 70 metros por una abertura vertical, el grupo avanzó entre humedad, oscuridad absoluta, enormes formaciones rocosas e insectos propios de aquel ecosistema subterráneo. Finalmente, llegaron a una cámara conocida como “el anfiteatro”, llamada así porque sus formaciones naturales parecen un graderío construido deliberadamente en el interior de la montaña.

En ese punto, Neptalí realizó una meditación acompañado por los Durante el ejercicio, su cuerpo comenzó a adormecerse, pero su mente permaneció completamente despierta. Sintió que se separaba de su cuerpo y que era conducido por entidades que le mostraban una realidad situada más allá de lo evidente. El regreso fue repentino y confuso.

¿Qué vio Neptalí Mena en la Cueva de los Tayos?

En medio de la oscuridad total, Neptalí podía observar las siluetas de sus compañeros, rodeadas por una especie de resplandor semejante a una llama azul. Para comprobar que no se trataba de una ilusión, uno de ellos levantó algunos dedos y le preguntó cuántos podía ver. Neptalí respondió correctamente.

Al girar lentamente la cabeza, descubrió tres figuras humanoides inmóviles. Medían cerca de dos metros de altura y parecían vestir largas túnicas negras. Sus cuerpos eran tan oscuros que destacaban incluso dentro de la negrura absoluta de la cueva. Alrededor de ellos se distinguía una tenue neblina luminosa que permitía apreciar sus contornos.

Tenían una forma alargada, semejante a una gota invertida, y carecían completamente de rostro. No había ojos, boca ni nariz. Solamente una superficie oscura que parecía observarlo desde el silencio.

Neptalí sintió miedo, pero no percibió una intención agresiva. Por el contrario, aquellas presencias le transmitían una profunda sensación de autoridad y respeto. Colocó una mano sobre su pecho, hizo una reverencia y pronunció: “Con su permiso, ya nos estamos retirando”.

No les contó nada a sus compañeros hasta abandonar la cueva. Días después, al revisar un libro escrito por Sebastián Almeida, otro explorador de los Tayos, encontró una representación de los mismos seres, observados anteriormente en la misma pared del anfiteatro.

Según algunas tradiciones atribuidas a los shuar, estas entidades son conocidas como los Taltos: guías y guardianes de un supuesto mundo intraterreno. No está demostrado qué eran realmente aquellas figuras, pero para Neptalí la experiencia transformó para siempre su manera de comprender la Cueva de los Tayos. Desde aquel momento dejó de verla como una simple formación geológica y comenzó a considerarla la entrada a una realidad que todavía permanece oculta bajo nuestros pies.

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