Llueve en El Cairo, Egipto y esto es algo verdaderamente extraño. Escribo estas líneas desde el país de los faraones, donde los locales están consternados por un temporal de lluvia sin precedentes Tanto, que las autoridades han suspendido clases en escuelas y universidades; el exceso de agua genera inquietud. Para ellos, el agua sagrada no es la lluvia, sino la del río Nilo.

En la orilla este del Nilo, donde nacía el sol, los antiguos egipcios desarrollaban su vida cotidiana. por donde el astro rey se oculta, construyeron sus monumentos funerarios, pues la desaparición del sol se asociaba con la muerte y el más allá.

De todas las necrópolis egipcias, la más antigua es la de Saqqara, en El Cairo. Allí, durante la Tercera Dinastía, alrededor del año 2600 a.C., el faraón Zóser mandó construir la que es considerada la primera pirámide del mundo., los gobernantes eran enterrados en tumbas subterráneas con una estructura superior conocida como mastaba.

Misterios de Saqqara y los enigmas del antiguo Egipto

Fue Imhotep, visir, arquitecto y sabio al servicio de Zóser, quien tuvo la idea de superponer varias mastabas, dando origen a la primera pirámide: la pirámide escalonada de Saqqara. Imhotep no solo fue un genio de la arquitectura, también fue considerado el mayor médico y mago de su tiempo, tanto que siglos después fue divinizado y venerado como patrono de los escribas.

Este gran sacerdote de Heliópolis sentó las bases de una arquitectura sagrada profundamente simbólica. Los escalones de la pirámide representaban un ascenso hacia el cielo, hacia el dios Ra, una conexión directa con los rayos del sol. En Saqqara nace también la idea de orientar las construcciones hacia las estrellas, con el propósito de que el faraón alcanzara la eternidad y viajara hacia los confines del cosmos.

Pero Saqqara guarda aún uno de los mayores enigmas de Egipto: el Serapeum. Según la historia oficial, se trata de un complejo subterráneo donde se rendía culto a los toros sagrados del dios Apis. Sin embargo, lo que ahí se encuentra desafía toda lógica.

Hablamos de sarcófagos colosales: bases de hasta 70 toneladas y tapas de más de 20, elaborados en granito y trasladados desde canteras ubicadas a cientos de kilómetros. Su interior está pulido con un acabado tipo espejo, con ángulos perfectamente alineados, un nivel de precisión que incluso hoy resulta difícil de replicar.

Lo más inquietante es que muchos de estos sarcófagos fueron hallados vacíos. No había restos de toros ni evidencia clara de su uso funerario.

Entonces surge la gran pregunta: ¿cuál era su verdadera función?

Para la historia oficial, el enigma sigue abierto. Para las hipótesis más audaces, estos gigantescos artefactos podrían haber sido algo más: máquinas de energía, dispositivos de resonancia o incluso portales hacia otras realidades… puertas hacia rincones desconocidos del universo.

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