Mari Bernedo, contactada con seres de luz y canalizadora de la Hermandad Blanca, compartió un mensaje que sacude la forma en que entendemos la realidad: no somos víctimas del mundo que vivimos, somos sus creadores.
Mari afirma que la realidad que experimentamos no es más que una ilusión o Matrix, una simulación programada por nuestras creencias, emociones y pensamientos. En otras palabras, el guion de nuestra vida lo escribimos nosotros mismos, aunque no seamos conscientes de ello. Cambiar la realidad, explica, no es cuestión de suerte ni de destino: es cuestión de reprogramación interna.
Inspirada en los estudios del médico Bruce Lipton sobre epigenética, sostiene que nuestras células funcionan como chips biológicos capaces de responder a la información que les damos a través de la mente. “Si cambias tus creencias, cambias tu línea de tiempo”, sentencia. Desde esta perspectiva, la enfermedad, el sufrimiento y el caos no son castigos, sino reflejos de una conciencia fragmentada que aún no recuerda quién es.
El eje central de su mensaje es el despertar de la conciencia: recordar que somos seres eternos y creadores, fragmentos del macrocosmos viviendo una experiencia humana. Ese recuerdo activa lo que ella llama el ADN latente, una información dormida que, al despertar, eleva nuestra vibración y desbloquea habilidades evolutivas como la intuición, la sanación, la telepatía y una percepción ampliada de la realidad.
Mari relata que desde hace años recibe mensajes de maestros ascendidos como Hilarión y Kuthumi, y que su principal guía es una conciencia que se identifica como Arión. Estos seres, afirma, no le hablan desde el miedo ni desde la amenaza, sino desde la coherencia, la preparación y la responsabilidad espiritual.
Uno de los episodios más impactantes de su testimonio es su encuentro con lo que describe como la mente de Dios. En esa experiencia, sintió no estar separada de nada, percibió la totalidad del universo como un solo organismo vivo y comprendió que la divinidad no es algo externo, sino una conciencia que se experimenta a sí misma a través de nosotros. “Somos canales divinos”, explica, “Dios se expande a través de nuestra experiencia”.
En sus exploraciones de conciencia, Mari también ha tenido visiones de ciudades intraterrenas, tránsitos interdimensionales y guardianes de portales energéticos, incluyendo seres que describe como custodios del Sol. Lejos de un discurso fantasioso, su narrativa mantiene una coherencia interna: el universo no es solo físico, es multidimensional, y la humanidad está empezando a recordar esa naturaleza olvidada.
Para ella, no todas las entidades extraterrestres responden al mismo interés. Algunas razas buscan recursos del planeta; otras participan en un proceso de asistencia evolutiva. Los maestros de la Hermandad Blanca, afirma, trabajan para facilitar la ascensión espiritual del ser humano, no para salvar el planeta —que ya es un organismo vivo en evolución—, sino para ayudar a que la mayor cantidad posible de personas atraviese ese tránsito con conciencia y sin miedo.
Mari no evita hablar de escenarios futuros. Asegura que los mensajes que recibe apuntan a una preparación espiritual, no al alarmismo. Según ella, se aproximan eventos de transformación profunda, pero la clave no está en predecir catástrofes, sino en elevar la vibración para atravesar cualquier transición desde la calma y no desde el pánico.


