Como muchos jóvenes en México, Carla y Raúl construyeron su relación entre libros, trabajos de medio tiempo y la seguridad de que el apoyo mutuo era su mayor fortaleza. El convertirse en padres de Karen aceleró sus planes: las dificultades económicas les impidieron concluir sus estudios y los obligaron a combinar trabajo y escuela.

Ante las largas horas que debían dedicar al trabajo y al estudio, el cuidado cotidiano de Karen recayó, desde su nacimiento, en sus abuelos maternos, quienes con amor, dedicación y responsabilidad le brindaron atención, estabilidad y un entorno seguro. Gracias a ese apoyo incondicional, Carla y Raúl alcanzaron sus objetivos sin descuidar el bienestar de su hija.

Conscientes de que debían priorizar el interés superior de Karen y de que no disponían del tiempo necesario para su cuidado diario, los padres y los abuelos acudieron de forma voluntaria al Centro de Justicia Alternativa del Poder Judicial de la Ciudad de México (CJA) ubicado en Niños Héroes 133, colonia Doctores.

Ahí, con el apoyo de un mediador, redactaron un convenio de guarda y custodia a favor de los abuelos. El documento especificó acuerdos clave para evitar conflictos futuros: la temporalidad de la medida (provisional o a largo plazo) y la toma de decisiones sobre educación, religión o salud. De esta manera, los padres mantienen la patria potestad, pero comparten las decisiones con los abuelos.

Esta decisión no fue una renuncia, sino un acto de madurez para dar certeza a todos, sobre todo a Karen. En tiempos difíciles, se demuestra que las familias se reinventan y que cuidar también es saber delegar con amor y reglas claras, gracias a la mediación para llegar a acuerdos.

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