El rugido de un motor cansado fue el inicio de una guerra que duró más de 800 días. En el verano de 2023, dos amigos sellaron un trato con un apretón de manos y una promesa de pago por un vochito blanco. Lo que parecía una compra sencilla de 74 mil pesos se transformó en un laberinto de reclamos, piezas mecánicas rotas y silencios. Tras la entrega del vehículo para pruebas, aparecieron las fallas; el comprador invirtió 10 mil pesos en reparaciones y el vendedor, en un gesto inicial de buena voluntad, aceptó descontar la cifra del precio.
Pasaron los meses, las llamadas dejaron de ser respondidas y los mensajes de WhatsApp se convirtieron en un campo de batalla de reproches o, peor aún, en una pared de “vistos”. El vendedor sentía que su patrimonio se esfumaba en manos de alguien que no cumplía; mientras que el comprador, agobiado por crisis personales y laborales, se hundía en la culpa y la evasión. La tensión escaló y la comunicación se fracturó por completo.
El deudor buscó ayuda en el Centro de Justicia Alternativa del Poder Judicial de la Ciudad de México, sabía que a través de la mediación podría, si no recuperar la amistad, por lo menos no hacerse de mala fama.
Fueron tres sesiones y el conflicto concluyó con la firma de un convenio formal donde se estableció una fecha definitiva para una transferencia electrónica única y la entrega de la documentación original del vehículo.
El acuerdo perduró gracias a mecanismos de comunicación para el intercambio de comprobantes de impuestos y tenencias. Hoy, el adeudo está en vías de liquidación y, contra todo pronóstico, aquellos dos hombres que no podían ni dirigirse la palabra, han recuperado la cordialidad.


