Óscar y Roberto se conocieron en la preparatoria, compartieron viajes, brindis y el nacimiento de sus hijos. Eran, según sus propias palabras, “hermanos de vida”, pero todo se agrietó el día que el entró en la ecuación.

Óscar, confiando en el colmillo empresarial de Roberto, le entregó 400 mil pesos para un proyecto de importación que prometía ser el retiro de ambos. El negocio naufragó en menos de un año. Lo que comenzó como un “no te preocupes, yo te pago”, se transformó en llamadas no contestadas y mensajes de dejados en visto.

La tensión alcanzó su punto máximo cuando la desesperación de Óscar lo llevó a exigir la firma de pagarés. El papel, con su frialdad jurídica, terminó por congelar la calidez del afecto. Antes de dar el paso hacia la demanda, Óscar decidió tocar una última puerta: el Centro de Justicia Alternativa, ubicado en Niños Héroes 133, colonia Doctores.

Lee también:

La segunda etapa de este proceso comenzó cuando Roberto, contra todo pronóstico, aceptó la invitación al diálogo. En la primera sesión, el ambiente era gélido.

En la segunda sesión, se trabajó la lluvia de ideas que dejó un convenio con fuerza legal donde se estableció un plan de pagos mensuales ajustado a la realidad económica de Roberto. El acuerdo incluyó una cláusula fundamental: la devolución progresiva de los pagarés conforme se liquidará el adeudo, otorgando paz mental a ambas partes.

Hoy, a seis meses, el seguimiento confirma que los pagos han sido puntuales. Lo más rescatable no es el flujo del efectivo, sino que el acuerdo ha perdurado porque nació del consenso, y no de la imposición. Al final de la última firma, no hubo abogados celebrando, sino dos viejos amigos estrechándose la mano.

Google News

TEMAS RELACIONADOS