Achacoso y ya con 75 años, las enfermedades lo aquejaban y su último padecimiento lo dejó casi sin dinero. Fue por ello que pensó en lo que no reparó en 30 años: divorciarse de Luisa, liquidar la sociedad conyugal y hacerse de un dinero para atenderse en lo que asumía como la recta final.
Guillermo, abogado y uno de sus dos hijos, recomendó a Juan afrontar la liquidación de bienes con mediación familiar, en el Centro de Justicia Alternativa (CJA) del Poder Judicial de la CDMX (Niños Héroes 133, colonia Doctores, alcaldía Cuauhtémoc), donde el servicio es gratuito.
Sin embargo, le aclaró que el divorcio tenía que ser decretado por un juez, pero que con el convenio logrado en el CJA avanzarían mucho en el proceso. Acompañado por Guillermo, Juan acudió al CJA, y dejó los datos de contacto de Luisa para ser invitada a mediar.
Una vez que ella aceptó, asesorada también por su hijo, se citó a la primera sesión.
El mediador familiar asignado, enfiló el encuentro de Juan y Luisa hacia la expresión de las necesidades de cada uno. Inició Juan, quien le dijo a Luisa que se había vuelto achacoso y que necesitaba dinero del patrimonio que habían forjado juntos para atenderse.
Sin visos de rencor, ella le compartió que padecía diabetes y que la casa, que era su único bien a repartir, ya le quedaba muy grande, así es que le venía bien venderla y repartirse el dinero, pues preveía vivir con su hija.
En una segunda sesión, Juan y Luisa firmaron un convenio en el que se estipuló que repartirían a partes iguales el dinero de la venta del único bien que se generó hace 45 años: la casa familiar; tras la firma, convinieron iniciar el trámite de divorcio ante el juez.





