Lo que pasó con Aleks Syntek en la alcaldía Benito Juárez el pasado 15 de septiembre, en lo que se suponía debía ser toda una celebración patriótica, una fiesta llena de música y éxitos pop, se convirtió en un acto deleznable, de pena ajena.
Ahí están decenas de videos y reels en los que el autor de 'Sexo, pudor y lágrimas' dio una cátedra de todo lo que una figura pública no debe hacer sobre el escenario, si bien dijo algunas verdades.
Si no los viste, resumo brevemente: el músico volvió a criticar al reguetón y al corrido tumbado, a exponentes como Bad Bunny y Dani Flow y su vulgaridad. Hasta ahí, nada que sorprenda y tendrá elementos para sostener sus ideas.
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Donde realmente se pasó de la línea fue en responsabilizar y hasta regañar al público por el éxito de estos géneros musicales y figuras de la industria musical, para luego tirarse al piso, victimizarse y lamentar que sus fans no lo defendieran cuando ha sido funado por sus mismas declaraciones.
Hace poco Aleks Syntek dijo a medios que ya no daría entrevistas en podcast porque descontextualizaban sus declaraciones. Pues acá no necesitó de nadie. Él solito tomó el micrófono y, en un acto que muchos consideraron psicótico, se soltó a estropear una fiesta pública en lugar de haber entonado sus canciones, grandes canciones del pop con las que hubiera conquistado con facilidad porque todos las conocemos, cantamos y bailamos.
En algún momento de la penosa velada se comparó con Juan Gabriel y José José. Se autodenominó maestro. Realizó comentarios clasistas, como cuando dijo que si dejaban de escuchar sus canciones terminaría viviendo en una casa de Infonavit (como millones de mexicanos lo hacen luego de años de mucho esfuerzo).
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No era la manera, no era el lugar y menos el momento, querido Aleks. Se te admira como compositor, eres un gran hacedor de hits y gran músico. Hace no mucho te fui a ver al Auditorio Nacional y, con la voz algo afónica, sacaste la noche. Pero todo eso se cae a pedazos cuando tomas el micrófono para juzgar y no para cantar.
Porque sí, algunas cosas que dijiste sobre los fenómenos musicales y los algoritmos son ciertas, eso no hay duda. Pero un maestro lo demuestra con sus canciones, con su arte sobre la tarima, con su teclado, ese que alguna vez dijiste que no tenías y donde inició toda tu larga aventura de 35 años de carrera. Aleks sin teclado y sin vergüenza, verdades aparte.
ENCORE. Lo más irónico del caso es que el algoritmo del que tanto ha hablado Aleks ahora lo ha puesto a él en el ojo del huracán. Muchos hablan de que el músico ha cavado su propia tumba, si bien la premisa mercadológica dice que no existe publicidad mala. Ya el tiempo y el público lo dirán.


