Hubo un tiempo en que un contacto del me hacía llegar, mes con mes, la mayoría de las y música que se editaban en esos años.

Tampoco eran ya tantas (la decadencia de estas se podía sentir, y no por el valor creativo de sus colaboradores, el cual en muchos casos era alto, sino porque ya no fue posible sostener el negocio), pero sí suficientes para estar actualizado en cuanto a lanzamientos de discos y algún tema interesante sobre la mesa.

Recuerdo que aún existían Rolling Stone, Marvin, Indie Rocks!, Playboy México, La Mosca, entre otras.

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Todas esas reliquias que me hacía llegar mi contacto las fui coleccionando junto con otras aún más viejas que ya tenía y que forman parte de una breve, pero sustanciosa colección, la cual sigue ampliándose cada vez que voy al Chopo y se me pega alguna que me llama la atención por su portada o contenido.

También en el Centro de la Ciudad de México hay varios puestos de revistas viejas y nunca falta alguna publicación que llama mi atención y termina en mi poder.

En redes sociales seguido me aparecen ofertas de especiales de La Mosca, de esos que hoy en día son auténticas piezas de colección (inconseguibles), lo que me obliga a contactar a los vendedores para cerrar el negocio o hacer trueque.

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Tíldenme de romántico, pero hojear una de estas revistas de hace 10, 20, 30 o 40 años es subirse a la máquina del tiempo y viajar entre canciones, datos, cifras e ideas que te llevan a otra época.

Abrir una sección de estrenos musicales de los años 90, por ejemplo, cuando salía el último disco de Nirvana o el ‘The Bends’, de Radiohead, que si bien fueron clásicos instantáneos, aún en aquellos textos no se preveía que Kurt estaba a nada de convertirse en historia o que Thom Yorke se consagraría como el último grande entre los grandes del siglo pasado.

Una vez estuve cerca de regalar esa caja de revistas viejas, pero hoy más bien pienso hacerla más grande. Seguir nutriéndola en ese viaje musical.

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Porque ese momento en el que tomo una al azar y la comienzo a leer es un respiro del mundo web, una bocanada de aire fresco. Y aunque sean discos viejos o artículos de otras épocas, muchas de esas canciones siguen formando parte del soundtrack de nuestro día a día. Son canciones que siguen entre nosotros.

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