Me han estado preguntando mucho sobre el nuevo Rockotitlán, ahora ubicado en Ciudad Satélite, y si creo que podrá tener la misma historia de éxito del pasado.
La respuesta no es sencilla, porque la industria musical de hoy es muy diferente. Hay un abismo entre el México de 1985, cuando Sergio y Fernando Arau, junto con La Botellita de Jerez, impulsaron la primera etapa de Rockotitlán, y la actualidad.
Incluso existe una gran diferencia con la etapa noventera, cuando Tony Méndez, que en paz descanse, tomó las riendas.
La principal razón tiene que ver con la escena musical. En aquellos años surgió una movida extraordinariamente poderosa.
Fue una generación de músicos que marcó una época y que, décadas después, sigue llenando.
Hablamos, por supuesto, de Caifanes, Maldita Vecindad, Café Tacvba, La Castañeda, El Tri, entre muchos otros.
Era un movimiento, entonces, rico, diverso, con una identidad muy clara y, sobre todo, lleno de camaradería entre bandas.
Sinceramente, hoy no veo una generación con esa misma fuerza ni con ese mismo impacto, si bien hay excepciones.
Por eso, uno de los grandes retos de Rockotitlán será encontrar a esas bandas que están trabajando con profesionalismo y necesitan una plataforma.
El foro tiene condiciones para competir. Cuenta con capacidad para 250 personas, buena producción y renombre: Rockotitlán es historia pura y nostalgia.
También existe un cambio importante en los hábitos del público. Hoy son menos las personas que salen a los bares con la intención de descubrir nuevas propuestas.
La pregunta es inevitable: ¿cuántas personas están realmente dispuestas a apostar por una banda nueva?
Ese será otro desafío para Rockotitlán. Encontrar un equilibrio entre proyectos consolidados, propuestas de la vieja escuela y nuevas agrupaciones, acompañado de una curaduría seria que ayude a seguir con esa identidad propia.
Respecto a la ubicación, para mí no representa un problema. Muchos argumentan que Ciudad Satélite queda retirado, pero cuando una banda conecta de verdad con su audiencia, la distancia deja de ser un factor. Los seguidores cruzan la ciudad, viajan a otros estados e incluso a otros países para ver a sus artistas favoritos.
La invitación está abierta: vayan a conocer el lugar, revisen su cartelera y formen su propia opinión. Ojalá que la programación sea arriesgada, atractiva y capaz de abrir espacio a nuevas propuestas y que encuentre un público dispuesto a ampliar su espectro musical.

