Hay personas que, aun después de cumplir una jornada completa, encuentran fuerzas para seguir trabajando y

Ese es el caso de Irving, enfermero del IMSS, quien por las mañanas atiende pacientes y, por las tardes, clínico por un taxi.

Recorre las calles con una convicción clara: darle bienestar a su

“Desde que cumplí la mayoría de edad, me he dedicado a la ruleteada. Primero fue para terminar mis estudios; después, la vida me fue abriendo camino”, recuerda.

Una de esas vueltas cambió su rumbo: al llevar a un doctor relacionado con el sindicato, Irving le contó que era enfermero y buscaba una oportunidad.

Tiempo después, tras entregar sus papeles y esperar meses, fue llamado para presentar un examen y entrar al hospital donde hoy trabaja.

Aunque su primer sueldo tardó en llegar y después pudo haber dejado el taxi, Irving decidió continuar. Para él, manejar no solo completa el gasto: también forma parte de su historia de esfuerzo.

“Eso me ha servido para que mi hijo y mi esposa estén bien y para que tengamos nuestra casita. Amo el taxi y no lo pienso dejar”, afirma.

Su historia habla de disciplina, gratitud y del amor silencioso de quienes trabajan a diario por un futuro mejor.

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