Pocos hablan de lo costoso que resulta para el cuerpo y mente manejar un taxi durante diez horas seguidas. Orlando Ramírez nos cuenta ‘la factura que le costó’ estar frente a un volante durante 20 años por calles de la Ciudad de México.

“Yo me subí al taxi por ahí de 2006 e inició como algo temporal, solamente mientras encontraba un trabajo mejor, pero esa posibilidad, por más que esperé, nunca llegó, y me fui acostumbrado a ser dueño de mi tiempo y ser mi propio patrón.

“El oficio es muy bonito, porque uno conoce mucha gente, aprende de la vida y no está encerrado.

“Ser taxista lo digo con mucho gusto, pero a mí me cobró, los lujos que me di, con mis riñones.

“En parte fue porque pasaba todo el día sentado y no hacía ejercicio, aunado a mis malos hábitos alimenticios, refrescos, tacos, una muy mala alimentación.

“Sin darme cuenta subí de peso, pero para mí lo mejor era ganar dinero; en 2018, me puse muy malo y tuve que ir al hospital por una fuerte infección en vías urinarias.

“Al sentirme bien, le seguí con los malos hábitos y las largas jornadas de trabajo, y en 2023, recaí, pero un riñón ya no funcionaba bien y estuvieron a punto de quitármelo, pero ahora sí me apliqué y ahora trabajo sólo cinco horas y llevo una buena dieta”, concluye.

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