A veces la vida da vueltas inesperadas. Uno cree que lleva el rumbo bien trazado y, de pronto, toca frenar, meter reversa y volver al camino que siempre ha sabido andar.
Eso le pasó a Agustín —mejor conocido como don Agus entre sus amigos. “Cuando llegaron los servicios por aplicación —cuenta— me dejé llevar por el canto de las sirenas. Presté mi taxi y metí mi coche a la aplicación.
Al principio todo marchaba de maravilla; parecía que había encontrado el hilo negro. Pero pronto la realidad cambió.
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“Empezaron a llegar más aplicaciones, con precios más bajos, y los viajes disminuyeron. Cada martes, cuando me depositaban, veía cómo la cantidad bajaba y bajaba. Solo con las tarifas dinámicas me medio emparejaba.
“Luego vino la opción de pago en efectivo… y con ella, el riesgo. “Ahí se puso feo. Comenzaron los asaltos: nos quitaban dinero, el celular… A un vecino hasta el coche le tumbaron. Fueron varios años de andar ‘con el Jesús en la boca’.
Hasta que un día dije: ‘ya estuvo’. Saqué mi coche de la aplicación y regresé a mi taxi.
“Hoy, don Agus dice que volvió a respirar. “Ahora ando feliz. Trabajo mediodía, ya me conozco mis rutas, sé dónde levanto buen pasaje y hasta tengo mis clientes de confianza. No espero depósitos y manejo mi tiempo como quiero.
No hablo mal de los servicios de aplicación, solo cuento la experiencia que a mí me tocó”.
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