De acuerdo con el relato de Javier, el día 5 de abril de 2023 había sido un día malo, de esos para el olvido, pero un detalle le devolvió la alegría.
“Era un día de perros. Primero se me descompuso la bobina del taxi, se bajó el pasajero y compré la refacción.
“Fui a la calle de Beethoven a comprarla y dejé el coche en doble fila, pasó uno de Tránsito y me iba a fastidiar, así que le entré para su chesco.
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“Me di la vuelta, cambié la pieza, el taxi quedó listo y me puse a darle para recuperar el tiempo perdido.
“Todo iba bien, pero al dejar un pasaje en Santa Cruz Meyehualco que caigo en un bache, y se reventó la llanta. Para colmo, no llevaba refacción; como pude me orillé, quité la llanta y me fui a buscar una vulcanizadora.
“Cargué la llanta y a dos calles encontré la vulcanizadora, pero a mi llanta se le rompieron las cuerdas y ya no servía, un ‘gallito’ en 250 pesos.
“Me enfilé para la casa. En el camino, una mujer mayor, con un niño de unos siete años, me hizo la parada. Iba pa’l rumbo.
“En el camino le iba contando mi negro día a la señora. El niño me dijo: ‘No vayas a llorar, mira, te doy mi paleta, cada que estoy triste mi abuela me da un dulce y me pongo feliz’. La verdad que me hizo el día, abrí la paleta y sonreí. El niño me volvió a hablar: ‘Ya viste, ya estás bien’ y sí, fue un dulce detalle”.
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