Ramón Ayala sigue su gira del adiós y en la CDMX dejó a más de uno con un trago amargo, no por falta de canciones, sino por llegar tarde a su en la Plaza México.

De hecho, el recinto abrió antes las puertas y pidieron llegar temprano para disponer de hasta , si hacían falta. Con semejante margen, no había pretextos, pues todos hicieron la tarea, menos el invitado principal.

Al dar las ocho de la noche, hora anunciada para comenzar, don Ramón apenas llegaba al recinto y, por ello, los muchachos de N5, el grupo abridor, tuvieron que alargar su participación y seguir , y otra más, mientras el Rey del Acordeón seguía en su camioneta.

Fue hasta que dieron las nueve y media, que decidió bajar para subir al escenario, a pesar de que el equipo conocía los horarios; a nadie le alcanzó el valor para decirle al jefe que se le hacía tarde.

Aun con el retraso, el espectáculo fue emotivo; don Ramón cantó sentado de principio a fin porque su edad y salud le impiden mantenerse de pie tanto tiempo, pero eso no impidió que lo acompañaran grandes como Banda El Recodo, Eduin Caz y su nieto Christopher Ayala. El público, en buena parte adulto mayor, acudió a cantar junto a una leyenda y no a sufrir por el reloj.

Pero hubo un momento en que la despedida se quedó sin tiempo. Algunas versiones apuntaron, de manera equivocada, a la alcaldía Benito Juárez tras anteriores conflictos por los horarios. Solo que esta vez había acuerdos previos entre autoridades, vecinos y La Plaza, que ya tiene una hora de cierre y que era conocida por la oficina de don Ramón; a pesar de eso, la presentación comenzó 90 minutos tarde y el equipo de Ayala pretendía extenderla hasta cerca de la una de la mañana, tratando de recuperar el tiempo perdido al inicio.

La Plaza México ha ajustado accesos y operativos para recibir hasta 45 mil personas sin hacerles la vida imposible a los vecinos. Además, terminar a tiempo permite a los asistentes volver a casa cuando todavía hay transporte en las calles, pues no todos tienen chofer esperándolos en la puerta.

Y es que la industria del entretenimiento está cambiando; ahora toca que ciertos mánagers entiendan que su trabajo no solo consiste en cargar maletas, contar billetes y decir que sí a todo. También hay que saber contradecir a una estrella. Don Ramón es una leyenda que sabe cómo complacer a sus seguidores, pero olvida que el tiempo de su público también merece respeto. Nos leemos la próxima, aquí donde quizá hablemos de ti.

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