El problema de Aleks Syntek ya no es solamente lo que ocurrió la noche del 15 de septiembre. El problema es todo lo que ha hecho después. Primero vino el escándalo, después la entrevista con Gustavo Adolfo Infante, donde parecía haber entendido que había cruzado una línea y que era momento de bajar el tono.

Reconoció errores, aceptó que no supo manejar a la multitud y durante unas horas parecía que había encontrado una salida razonable para una crisis que todavía podía contenerse.

Pero horas después, volvió a aparecer en redes para explicar lo que ya había explicado, y ahí quedó claro que el verdadero conflicto de Syntek no está solamente con sus críticos, con las redes sociales, está con la manera en que él mismo está enfrentando esta etapa de su carrera.

Aleks lleva 35 años en la música y en cada nueva aparición parece empeñado en convencer al público de que merece un lugar que, en realidad, ya se ganó hace mucho tiempo, y mientras más reclama que la industria ya no reconoce a los músicos como antes, más termina utilizando las redes para defender su importancia, mientras más pide que se hable de su talento.

No hace falta diagnosticarlo ni especular sobre su estado personal. Eso sería irresponsable. Lo que sí puede observarse es que una crisis que pudo haber terminado con una disculpa y una explicación breve se ha prolongado porque cada nueva intervención vuelve a poner el tema sobre la mesa. En lugar de cerrar el episodio, lo alimenta.

Y este caso, también permite reflexionar sobre algo que les ocurre a muchos artistas cuando la industria cambia. Durante años, el éxito se medía con discos vendidos, radio, conciertos, permanencia y popularidad.

Hoy también se mide con seguidores, reproducciones, tendencias y capacidad de generar conversación digital.

Es comprensible que un artista con una larga trayectoria pueda sentirse incómodo frente a esas nuevas reglas, pero esa incomodidad no se resuelve confrontando permanentemente al público ni reclamando atención.

El 15 de septiembre el problema tampoco fue que Aleks estuviera frustrado, su problema fue que había gente frente a él esperando escuchar sus canciones y terminó recibiendo algo distinto.

Podían ser cien o miles de personas, pero todas estaban ahí para ver al artista, no para convertirse en parte de una discusión personal.

Por eso, la salida para Syntek no necesita un comunicado, ni otro live; necesita concentración, volver a la música, lanzar canciones, tocar, componer y dejar que su trabajo vuelva a ocupar el centro de la conversación.

Sus 35 años merecen ser defendidos con lo que los construyó, invertir más tiempo en explicar por qué sigue siendo importante es algo ocioso, y claro quitarse ese celular que tanta lata le ha dado.

El mejor manejo de una crisis consiste en reconocer nuestras ‘burradas’, callar y volver a hacer bien aquello por lo que el público te conoció. Nos leemos la próxima, aquí donde quizá hablemos de ti.

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