La generada por los comentarios deen el programa Ventaneando, a partir de su molestia por quienes llevan a sus mascotas a todos lados, escaló cuando justificó las agresiones hacia los animales y, posteriormente, intentó explicar sus palabras apelando a una supuesta brecha generacional.

Más allá de la polémica, hay un principio irrenunciable: ninguna forma de violencia tiene justificación y ninguna vida vale más o menos que otra. Las palabras del conductor son condenables, no admiten matices y el hecho es desafortunado.

El episodio también nos lleva a otro enfoque, pues quienes insisten en que la televisión abierta ya perdió relevancia están equivocados. Bastó un comentario al aire para marcar la agenda durante varios días, generar miles de reacciones en redes sociales, convertirse en tema de conversación en radio, televisión, medios digitales y provocar posicionamientos desde distintos sectores de la sociedad.

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En tiempos en los que pareciera que sólo las plataformas digitales tienen la capacidad de influir en la conversación pública, este caso recordó que los medios tradicionales siguen teniendo un peso específico. Cuando un programa con décadas al aire logra colocar un tema en el centro del debate nacional, conviene mirar también qué ocurrió con la audiencia.

La conversación también terminó reflejándose en las audiencias. El lunes 6 de julio, Ventaneando registró 702 mil espectadores. Un día después, en plena efervescencia de la controversia, alcanzó 967 mil, su mejor resultado de la semana. Posteriormente, registró 706 mil el miércoles, 767 mil el jueves y 824 mil el viernes. Más allá de los altibajos naturales, el programa mostró un comportamiento distinto al habitual justo cuando el tema dominaba la conversación pública.

No puede afirmarse que el incremento de audiencia responda exclusivamente a la polémica, pero tampoco puede ignorarse que el interés generado alrededor del caso modificó el consumo del programa.

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La discusión no está en si la televisión abierta vive o muere. La discusión es entender que, cuando logra conectar con la conversación pública, sigue teniendo una capacidad de influencia que muy pocos medios pueden presumir.

En cuanto a la lección de Pedro Sola, poco más hay que agregar. La reacción fue tan contundente que seguramente, además de dejar una lección para él y para el propio equipo de Ventaneando, enviará un mensaje claro a quienes todos los días tienen un micrófono enfrente: hay temas que exigen sensibilidad, responsabilidad y un profundo respeto por la vida.

Es condenable la postura de Pedro Sola, como también lo es el olvido hacia otras causas que siguen esperando la misma indignación colectiva, (la lucha de las madres buscadoras por decir alguna), pero esa reflexión ya es elección de cada quien. Nos leemos la próxima, aquí donde Quizá hablemos de ti.

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