La fama tiene un poder de seducción enorme. Por ella se hace todo… y por unos cuantos ‘followers’ más. En estos tiempos, hay quien haría cualquier cosa por tres segundos de atención en redes sociales. Pero de vez en cuando aparece alguien que recuerda algo que muchos olvidan: el espectáculo no empieza en el celular, empieza en el escenario. Aunque ese escenario sea la calle.
Ese es el caso de Brisa Santana, cantante que participó en La Academia y que hoy cada fin de semana convierte un tramo de avenida Juárez, a la altura del Barrio Chino de la Ciudad de México, en su propio foro. Sin luces robóticas ni camerinos, Brisa canta durante un par de horas frente a la Alameda Central, acompañada de su banda y de un público que se forma de manera espontánea entre turistas, curiosos y parejas que terminan bailando.
Su escenario puede ser la banqueta, pero su entrega es la de un teatro lleno confirmando que el talento no siempre necesita reflectores, ni grandes inversiones.
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LA ESCENA resulta todavía más curiosa cuando se piensa que, al mismo tiempo, en otro punto del país el espectáculo tomaba forma en un escenario completamente distinto. En Tabasco, la fiesta de XV años de Mafer, terminó colándose en la conversación nacional después de que comenzaran a circular imágenes del festejo.
Entre el elenco, apareció J Balvin, quien incluso bailó con la quinceañera, también participó Matute, Belinda y Galilea Montijo, esta última participó como conductora del evento.
La dimensión del festejo llamó la atención y, como suele ocurrir cuando una celebración privada adquirió tintes de show, dando paso a las especulaciones. El evento aparentemente fue organizado por Juan Carlos Guerrero, empresario gasolinero de Comalcalco y padre de la joven, y la producción corrió a cargo de una empresa llamada Luis Gil Event que echó la casa por la ventana con el montaje.
En medio de la conversación, también circuló una cifra en redes: se especula que la fiesta pudo haber costado alrededor de 45 millones de pesos. Aunque en este tipo de celebraciones el cálculo siempre es impreciso, porque buena parte de los servicios y presentaciones suelen negociarse y pagarse en efectivo, en una época en que los eventos privados duran poco, siendo privados, y no tienen precio cuando se trata de celebrar a un hijo. El amor de un padre puede llevarlo a hacer cosas que para muchos resultan inimaginables.
Las escenas ocurren en el mismo país; por un lado, Brisa cantando en avenida Juárez y, por el otro, una quinceañera bailando con estrellas internacionales, con la diferencia de que, en uno, el público pasa caminando y, en el otro, termina mirándose desde el celular, por la indiscreción de quien, por protagonizar, decidió hacerla pública. Nos leemos en la próxima, aquí donde quizá hablemos de ti.




