Uno de los regresos más comentados en este inicio de año es, sin duda, el de Kanye West, ahora conocido como YE, quien alista dos fechas consecutivas, 30 y 31 de enero, en la Monumental Plaza de Toros México.

El anuncio, publicado en sus redes como sus únicas presentaciones en el país, reactivó la conversación y volvió a colocar al recinto en la liga de los grandes espectáculos internacionales.

La expectativa creció aún más con los nombres que se manejaban como invitados especiales. Estoy en posibilidad de confirmar que Travis Scott, Peso Pluma y Fuerza Regida formarán parte de la experiencia.

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Su presencia no es casualidad ni capricho: es la radiografía exacta de hacia dónde se mueve hoy la industria, donde el rap global y el regional mexicano ya no se observan de lejos, se cruzan, se mezclan y mandan en plataformas y taquilla.

YE no necesita demasiada introducción. Veinte premios Grammy, una carrera marcada por la innovación y la polémica, y una habilidad poco común para convertir cada show en una experiencia integral. No solo hace música, construye atmósferas. Para él, el estudio es un laboratorio y el escenario un manifiesto creativo. Su influencia se reconoce en el sonido de artistas como The Weeknd o Drake.

Eso sí, sus redes sociales han sido muchas veces su propio verdugo. Ahí se ha metido en crisis innecesarias y ha dinamitado relaciones clave. Pero cuando el ruido digital se apaga y aparece el creador, YE vuelve a ocupar su lugar natural: el de referencia creativa de la industria.

Podrá tropezar en X o IG, pero en el escenario sigue marcando el ritmo. Y eso, les guste o no, lo mantiene en la cima.

PORQUE LA música también es negocio. Basta ver el caso de Ricardo Arjona, quien aceptó su próxima gira en México tras una negociación donde —dicen— los billetazos hablaron fuerte.

Casi un millón de dólares por fecha bastaron para cerrar el trato. Nada ilegal, nada nuevo, pero sí revelador de cómo se mueven hoy los grandes contratos.

El dato que no se puede ignorar: el empresario que contrató a Arjona es el mismo que está detrás de la cancelación del anunciado regreso de Otro Rollo. Un proyecto que “murió” y se descarriló por una mezcla ya conocida: poco interés del público, egos, malos acuerdos y una operación que nunca se explicó como debía.

Como suele ocurrir, todo se justificó con “problemas de logística”. La gira se canceló y el empresario prometió devolver el costo de los boletos y, como siempre, es el público quien ‘paga los platos rotos’.

Ojalá les cumplan y, sobre todo, a ver si a la Profeco le interesa el tema, pues con eso de que están tan preocupados por los boletos BTS, parece que todo se les resbala. Es justo que pongan un alto a los empresarios que manejan el dinero como si fuera préstamo sin fecha de regreso. Nada sustituye la responsabilidad. Nos leemos en la próxima, aquí donde quizá hablemos de ti.

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