La suspensión de las corridas de toros en la Ciudad de México no solo bajó el telón de una tradición milenaria, también apagó de golpe la fuente de ingresos de cientos de familias que dependían de la Plaza México, uno de los cosos más importantes del mundo.
Como si el golpe no fuera suficiente, apareció el “rigor protagónico” del alcalde de Benito Juárez, Luis Mendoza, quien decidió frenar eventos y exigir que los promotores de la Plaza México se “alinearan” a normas tan confusas que ni él mismo parecía tener del todo claras. Una cruzada más cercana al ego que a una política de servicio.
Con el futuro del coso en la cuerda floja y muchos ya haciendo cuentas sin chamba, Mario Zulaica, director de la Plaza México y torero de formación, hizo lo que aprendió en el ruedo: leer el peligro, medir los tiempos y no salir corriendo cuando el toro aprieta. Apostó por transformar el recinto y, en pocos meses, convirtió lo que parecía un elefante blanco en el venue más importante de la CDMX.
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El mérito fue doble y de la mano de GNP mantuvo empleos y le dio vida a un inmueble histórico que este 2026 será casa de grandes estrellas; tiene más de 25 eventos previstos hasta el momento. Temple y humildad, dos virtudes que hoy escasean tanto en la política como en el negocio del espectáculo.
Algo similar ocurre con Day Zero, el festival de música electrónica creado por Damian Lazarus, considerado hoy uno de los festivales más importantes no solo de México, sino del mundo. Day Zero no es una fiesta: es un ritual que combina música, identidad y naturaleza, y que ha colocado a Tulum al nivel de Ibiza, en el centro de la escena electrónica internacional.
Su corazón es Themplo, un venue en medio de la selva, diseñado y curado con materiales reciclados, donde el entorno natural no es escenografía, sino protagonista. Detrás de Day Zero está Lostnights, empresa mexicana que ha entendido que la industria del entretenimiento también tiene una responsabilidad y experiencia para sus usuarios.
A través de Day Zero y Lostnights se han impulsado acciones filantrópicas enfocadas en el cuidado del medio ambiente, la reforestación, el uso responsable de recursos, el apoyo a comunidades locales y la generación de empleo digno, integrando a la población al desarrollo cultural así como económico de la región.
Pero el discurso se desploma cuando aparece la realidad: la inseguridad en Tulum. No es percepción, es advertencia. Durante uno de los eventos, el punchis, punchis también traía unos plomazos.
Las autoridades tienen la chamba y responsabilidad de dar paz a sus habitantes y certeza a las grandes inversiones. No puede haber impunidad ni omisiones, ni en destinos internacionales como Tulum ni en alcaldías de la propia Ciudad de México, como Benito Juárez.
Los empresarios ya están cumpliendo: invierten, generan empleo, cuidan entorno y construyen industria. Ahora le toca al Estado hacer su parte. Porque no se trata solo de shows: se trata de una industria que mueve empleos, turismo y el corazón de quienes compran un boleto. Nos leemos la próxima, aquí, donde quizá hablemos de ti.