Por años, el futbol y el beisbol en México han parecido esos vecinos que se saludan por cortesía, pero jamás se invitan a la carne asada. Conviven en el mismo barrio deportivo, sí, pero cada quien defiende su territorio con la pasión de quien cree tener la verdad absoluta. Para algunos aficionados, y lo digo por experiencia propia, apoyar ambos deportes parece casi un acto de traición.
Y es que, aceptémoslo: existen fanáticos de “hueso colorado” de la pelota caliente a quienes todo lo que huela a futbol les provoca una especie de estornudo.
Sin embargo, este 2026 es distinto. México tiene Mundial de futbol y, por más romántico que suene pensar que el beisbol puede ignorarlo y seguir su camino como si nada ocurriera, la realidad es otra. El Mundial no es un evento cualquiera: es una ola mediática, cultural y emocional que lo invade todo. Y frente a eso, la Liga Mexicana de Beisbol parece haber entendido algo importante: no se trata de competir, sino de convivir.
La postura de Horacio de la Vega, presidente de la Liga Mexicana de Beisbol, resulta particularmente sensata. En una charla con Daniel Blumrosen, director de EL UNIVERSAL Deportes, dejó claro que la LMB no pretende pelearse con el fenómeno mundialista, sino aprovecharlo.
Por eso tiene lógica que algunos parques de pelota tengan planeado proyectar partidos del Mundial, o que equipos como los Diablos Rojos del México haya lanzado un uniforme inspirado en el color verde de la Selección Mexicana, o que haya invitado al exseleccionado ‘Kikín’ Fonseca a lanzar la primera bola en la serie ante Conspiradores.
La apuesta es clara: si no todos podrán entrar a los partidos mundialistas, el beisbol puede convertirse en una alternativa de entretenimiento para quienes quieran vivir el ambiente deportivo desde otra trinchera.
CUANDO EL RÍO SUENA…. Mientras tanto, a inicios de este mes surgió una información que sacudió la jaula de los Pericos de Puebla.
En lo deportivo, la novena poblana se mantiene a medio standing y a cuatro juegos de distancia del líder de la Zona Sur (Diablos Rojos), una diferencia aún remontable. El problema, según el portal poblano Grada.mx, sería otro: presuntos adeudos salariales a jugadores y un bono prometido por ganar la serie ante el México que, aparentemente, no habría llegado al ‘dugout’. Todo ello basado en testimonios anónimos.
La reciente venta del Atlas de la Liga MX, que era propiedad de Grupo Orlegi, a Grupo PRODI, perteneciente al empresario mexicano José Miguel Bejos, dueño de Pericos, no ha ayudado en este sentido, pues temen que el dinero se “esté guardando” para los rojinegros.
Sin embargo, el club poblano salió rápido al quite con un comunicado en el que negó cualquier adeudo. Lo que sí es un hecho es que hasta el momento ningún jugador se ha manifestado públicamente al respecto.


