En el beisbol, como en la vida, hay decisiones que se anuncian con bombo y platillo, pero que en ocasiones pueden terminar en desilusión. El caso de la llegada de Robinson Canó a Tomateros de Culiacán parece caminar por esa ruta incómoda donde la frase popular “lo que mal empieza, mal acaba” comienza a tomar forma.
Y es que hay que recordar que la directiva guinda anunció hace semanas con gran alegría la llegada del dominicano para la próxima temporada de la Liga Mexicana del Pacífico. No era para menos. Se trata de un exligamayorista con nombre, trayectoria y cartel suficiente para elevar expectativas entre una afición acostumbrada a pelear campeonatos.
Sin embargo, el golpe mediático perdió fuerza cuando el propio Canó frenó en seco a Culiacán y a la LMP, al confesar que sí hay acercamiento, sí hubo pláticas entre ambas partes, pero que aún debe resolver su situación contractual en República Dominicana.
Según voces cercanas a la novena tomatera, sí existe un contrato firmado entre el jugador y la organización, incluso con el aval de la Liga de Beisbol Profesional de República Dominicana (LIDOM), pero ahora el pelotero ha puesto distancia ¿Se trata de una estrategia de Canó para esperar una propuesta más atractiva? ¿o simplemente no tiene intención de abandonar la Liga de su país?
Esta situación deja mal parado al equipo y, de paso, a la propia LMP que, incluso, ya había registrado este movimiento en su portal. En estos tiempos donde la inmediatez domina, anunciar una contratación sin blindarla completamente puede convertirse en un error costoso.
En redes sociales, ya hay aficionados que califican el episodio como un “papelón”. La fanaticada de Culiacán es apasionada y exigente. Celebra cuando hay compromiso, pero tampoco olvida los desaires.
Solo resta esperar para saber si el infielder continuará su camino en la pelota de su país o terminará por enfundarse en la camisola guinda… Por ahora, la moneda está en el aire.