En el noroeste de Pakistán se registró un atentado terrorista durante una marcha que protestaba contra extremistas. El ataque ocurrió en Kabal, en la provincia de Jaiber Pajtunjuá; los manifestantes pedían por la paz y el fin de las milicias; la policía había prometido garantizar la seguridad de la reunión. En total, 14 personas murieron, entre ellas cinco policías, y dejó unas dos decenas de personas heridas.
Tras el ataque, personas acusaron que las autoridades han permitido que los milicianos puedan operar en la región. El presidente Asif Ali Zardari y el primer ministro Shehbaz Sharif condenaron el ataque, expresaron sus condolencias a las familias de los afectados y refrendaron su compromiso de erradicar todas las facciones extremistas que amenacen la integridad del territorio.
La región de Kabal ha sido el escenario del conflicto entre los extremistas islámicos y el gobierno pakistaní debido a que hace unos años se imponía la ley sharía por parte de los extremistas, pero en 2007 fueron expulsados por las fuerzas armadas. No obstante, en los últimos meses han resurgido milicias de talibanes pakistaníes que quieren recuperar el control.
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Desde enero, los atentados en Pakistán se han ido incrementando; en total suman 3 mil 145 ataques, aunque también unos 2 mil 84 milicianos han sido eliminados, pero eso no ha evitado que hayan muerto 819 civiles.
El gobierno pakistaní acusa al Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP) de querer orquestar más atentados en el territorio, señalando al gobierno de Afganistán como principal aliado de las milicias y que les han dado refugio desde su vuelta al poder en 2021, aunque el gobierno de Kabul niega el apoyo.
Pakistán está considerado como uno de los países con mayor exposición al terrorismo, ya que ha sido base de grupos extremistas como el TTP, facciones del Estado Islámico y Al Qaeda, donde muchas ciudades dominadas por las facciones tienen sus centros de operaciones.








