Historias

MICRÓFONOS DESDE LA CÁRCEL

Liberan a Evaristo Nucamendi tras décadas en la cárcel y su primera petición conmueve a todos

Evaristo Nucamendi entró a prisión a los 21 años; se fugó dos veces. Estuvo preso en Puente Grande y el Altiplano

Liberan a Evaristo Nucamendi tras décadas en la cárcel y su primera petición conmueve a todos (Foto: Creada con IA)
16/02/2026 |09:22
Cuauhtémoc Beltrán
Reportero en El GráficoVer perfil

Evaristo Nucamendi pasó 38 años en prisión. Su sentencia original fue de 33 años y seis meses; sin embargo, distintos procesos jurídicos extendieron su permanencia hasta que un juez declaró la extinción de la pena y



Este episodio documenta precisamente ese momento: la notificación oficial de su liberación y el acompañamiento durante y sus primeros pasos fuera de él.

Tenía 21 años cuando fue detenido. A lo largo de casi cuatro décadas, vivió distintas etapas que lo llevaron a replantearse su identidad y su futuro. durante su internamiento y participó en actividades académicas y laborales que, según relata, fueron fundamentales para sostener disciplina y propósito. Habla de la “competencia positiva” entre internos: superarse en lo académico, en lo artístico, en lo laboral. Ese proceso, afirma, fortaleció su carácter y le dio herramientas para pensar en una vida distinta al recuperar la libertad.

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El episodio no se centra en el delito, sino en el tránsito hacia la libertad. Se escucha la lectura formal del oficio judicial que declara extinguida su pena. Se observa la preparación de sus pocas pertenencias: artículos de higiene, ropa, una Biblia que describe como su guía constante. También se registra la despedida de compañeros y autoridades, y el mensaje que él mismo dirige a otras personas privadas de la libertad, alentándolas a mantener disciplina y confianza en el porvenir.

Libertad tras 38 años: el inicio de una nueva vida

Durante su encierro perdió a sus padres. Ambos lo acompañaron mientras vivieron. Hoy, uno de sus objetivos principales es acudir a sus tumbas para agradecerles y honrar su memoria.

Reconoce el peso que su proceso tuvo en ellos y asume como compromiso personal vivir de manera que ese respaldo no haya sido en vano.

Otro eje central de su testimonio es su hija, a quien no ve desde que tenía seis meses de nacida. Hoy es una mujer adulta. No sabe si lo recuerda o qué idea tiene de él, pero desea buscarla cuando logre estabilidad económica. Su intención es acercarse desde la responsabilidad, no desde la carencia.

Al cruzar la puerta del penal, el episodio captura su asombro ante lo cotidiano: los autos, las rampas, los cambios urbanos y tecnológicos acumulados en casi 40 años. Reconoce sentir incertidumbre frente a un mundo que avanzó sin él, pero también expresa entusiasmo y determinación. Afirma que el hombre que ingresó siendo joven ya no existe; en su lugar, sale alguien más consciente del tiempo, del valor de lo esencial y de la importancia de la estabilidad.

Cuenta con el apoyo de un familiar que lo recibirá y le brindará un punto de partida. Para él, la reintegración social no es un discurso, sino una práctica diaria: trabajar de manera honesta, reconstruir vínculos, adaptarse y vivir con sobriedad.

Este episodio de Penitencia retrata un momento poco visible: la salida. No idealiza ni dramatiza, sino que acompaña el cierre de una condena extensa y el inicio de una nueva etapa. Más que un final, es el registro de un comienzo: el intento de rehacer una vida después de 38 años en prisión.

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