Los asesinos seriales más controversiales son los que más llaman la atención de todas las generaciones, por eso hoy, en , te contaremos una historia que no solo paralizó al estado de Florida, en Estados Unidos, sino que hasta la actualidad sigue generando polémica a nivel internacional. Se trata de una de las asesinas más controvertidas de todos los tiempos, no solo por sus acciones, sino por las razones que ella misma señaló para justificarlas, lo que provocó que los medios de comunicación cubrieran hasta el último momento de su vida, además de la creación de múltiples documentales y películas. Hoy sigue siendo uno de los casos más debatidos de la opinión pública: Aileen Wuornos.

La ‘doncella de la muerte’: la asesina que desafió a la sociedad y a la justicia incluso muerta
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La infancia de Aileen Wuornos

Conocida como “la doncella de la muerte”, “la mujer araña”, “la reina de las asesinas seriales”, “el monstruo” o “la prostituta de las autopistas”, Aileen Carol Pittman nació el 29 de febrero de 1956 en Rochester, Michigan, dentro de una familia profundamente disfuncional. Nunca conoció a su padre, quien estuvo preso por abuso infantil y se suicidó mientras cumplía su condena. Su madre, Diane Wuornos, la abandonó junto con su hermano Keith cuando Aileen tenía apenas cuatro años.

Fue criada por sus abuelos maternos, en lo que resultó ser una infancia marcada por la violencia. De acuerdo con lo declarado por Aileen, ambos eran alcohólicos y desde muy temprana edad sufrió abusos psicológicos, físicos y sexuales por parte de su abuelo. A los 11 años, siendo todavía una niña, comenzó con adicciones al alcohol y al cigarro y, para evitar pasar tiempo en casa, empezó a prostituirse para conseguir alimento.

A los 14 años quedó embarazada tras ser violada por una persona cercana a la familia (fuentes señalan que pudo tratarse de un amigo de su abuelo o un vecino). Tras el nacimiento, el bebé fue dado inmediatamente en adopción. Poco después, sus abuelos la expulsaron de la casa, por lo que comenzó a vivir en los bosques de Michigan. Para huir del frío, hacía autostop, hasta que finalmente llegó a Florida, Estados Unidos.

Su vida delictiva: el debate eterno

Durante las décadas de los años 70 y 80, Aileen inició una vida delictiva con acusaciones menores, que se fueron acumulando en su historial y que más tarde jugarían en su contra. Fue detenida por conducir en estado de ebriedad, alteración del orden público, hurto en tiendas y posesión de armas de fuego. Además, era conocida por su temperamento agresivo.

Sin embargo, lo más grave ocurrió entre 1989 y 1990, cuando sus crímenes escalaron a otro nivel. Tras décadas dedicándose al trabajo sexual, sin un lugar fijo donde vivir, sumado a su precariedad económica y deterioro emocional, se desencadenó una ola de asesinatos que hasta hoy sigue siendo objeto de debate entre especialistas y la opinión pública.

Para entonces, ya utilizaba el apellido Wuornos, heredado de sus abuelos. Aileen Wuornos asesinó a siete hombres en las carreteras de Florida. Su modus operandi consistía en hacer autostop o ejercer la prostitución en áreas de descanso, para después disparar a sus víctimas con una pistola calibre .22 y robarles sus pertenencias.

Lo que más llamó la atención fueron sus declaraciones, ya que aseguró que todo lo hizo en defensa propia. Las víctimas fueron: Richard Mallory —el primero y único por el que Wuornos alegó legítima defensa, afirmando que la violó brutalmente—, David Spears, Charles Carskaddon, Peter Siems —cuyo cuerpo nunca fue encontrado—, Troy Burress, Charles “Dick” Humphreys y Walter Jeno Antonio.

Captura y condena

Aileen Wuornos, a quien nunca se le había conocido una pareja sentimental estable, se enamoró de una mujer llamada Tyria Moore, quien fue clave para la captura de la asesina mediante audios que grabó, en los que Wuornos confesaba todos sus delitos. Esta traición hirió profundamente a Aileen, ya que confiaba plenamente en ella; aun así, nunca la hizo partícipe de sus crímenes.

Tras varias comparecencias ante un juez estatal y pese a alegar que todos los asesinatos fueron en defensa propia, fue condenada a seis penas de muerte, pasando 10 años en el corredor de la muerte sin posibilidad de revertir su sentencia. Cabe señalar que especialistas en salud mental argumentaron que Wuornos padecía diversos trastornos psicológicos, derivados de su vida marcada por la marginalidad y el abuso; pese a ello, el jurado no mostró clemencia. Finalmente, fue ejecutada mediante inyección letal el 9 de octubre de 2002.

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