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Iztapalapa.– Especialista en marcar faltas y sacar muchas tarjetas, Factor Xtrem combina su labor en los cuadriláteros de lucha libre con la impartición de justicia dentro de las canchas de futbol.
Fue gracias a la influencia de su padre que, desde los 15 años, tomó el silbato para seguir sus pasos dentro del arbitraje. Su debut se dio curiosamente como en las luchas, faltó un árbitro asistente y a él se le dio la oportunidad de sustituirlo.
Con ocho años de luchador profesional, y tras una pausa de dos años por el Covid, el trabajo y el nacimiento de su hijo, apenas retomó su carrera. Su casa es la Arena San Juan Pantitlán y entrenó bajo la tutela del profesor Toro Negro Jr.
Regresando a las canchas, Factor Xtrem es árbitro de futbol soccer profesional tras aprobar en 2020 el curso en línea impartido por la Federación Mexicana de Futbol, por desgracia, debido a la pandemia, no pudo saltar al profesionalismo ya que el carecer de entrenamiento presencial no le permitió pasar las pruebas físicas requeridas.
Sin embargo, con su título en mano trabajó para el Club América siendo árbitro de sus torneos de fuerzas básicas. Factor Xtreme compartió con nosotros porque a sus 31 años no puede intentar de nuevo buscar llegar a la élite de los silbantes.
“Para ser árbitro ahora se necesita tener 24 años y estar mamadísimo (risas). Además de tener buena estatura y ser güero, aunque no discriminan por el tono de piel, sí tienen sus preferencias”, contó.
El rudo enmascarado asegura que los más difícil de ser árbitro es enfrentarse a ciertos personajes que entran a la cancha a agredir en vez de divertirse, muchos de ellos sobrepasan los límites al quererse desquitar con él por sus decisiones. Ante esto considera que corre más peligro siendo silbante en partidos del barrio o en pueblitos que en las luchas moleras.
Sin embargo, confiesa que es la gente quien lo motiva a levantarse madrugar los sábados para estar todo el día en las canchas y los domingos los dedica a sus presentaciones luchísticas.
Hace unos días lo vi en acción en un partido de futbol rápido femenil en la famosa cancha UCI Guelatao, en la colonia Álvaro Obregón, por los rumbos del Campus II de la Fes Zaragoza y en verdad se la rifó.











